domingo, 31 de agosto de 2014

Entrevista a Halil Bárcena - Islam y monaquismo


Pregunta: ¿En el islam existe algún tipo de monaquismo institucionalizado como en el cristianismo? En caso afirmativo, ¿qué formas adopta? ¿En qué principios islámicos se inspiran? ¿Son mayormente aceptadas? En caso negativo, ¿qué principios islámicos son contrarios a estas expresiones?

Halil Bárcena: En términos generales, el islam desaprueba expresamente el monaquismo, de tal modo que no ha generado jamás una institución monástica como sí hallamos en otras tradiciones religiosas, el cristianismo, por ejemplo, cuyo monaquismo aparece citado en el propio texto coránico (57, 27), subrayando su carácter humano, si bien autores como Ibn `Arabī destacaron su aspecto divino, al ver en él un esfuerzo de aproximación a Dios. Con todo, el ideal islámico de religiosidad aboga por un modelo bien distinto. Lā rahbāniyya fī-l-islām (No existe monaquismo en la tradición del islam), reza un ḥadīṯ atribuido al profeta Muḥammad, cuya autenticidad, sin embargo, es discutida por muchos eruditos musulmanes. Sea como fuere, el musulmán, un ser entregado libre y confiadamente a Dios (eso significa el término árabe muslim), lo es en su vida personal, familiar y colectiva, y no al margen de ella. Otro ḥadīṯ, éste sí unánimemente aceptado como certero, afirma: “El matrimonio constituye la mitad del dīn”, es decir, la mitad de la religión. El islam no le concede ninguna marca de religiosidad especial ni al celibato, ni tampoco al monaquismo u otras instituciones similares. El Corán le recuerda lo siguiente al propio profeta Muḥammad: “En verdad, hemos enviado profetas antes de ti, y les hemos dado esposas e hijos” (13, 38). En ese sentido, el islam, en tanto que religión heredera de las anteriores revelaciones, no constituye ninguna excepción: casi todos los profetas del tronco abrahámico tuvieron vida familiar.

P. Más allá de la existencia o no de órdenes monásticas, ¿qué dice el islam sobre la tendencia natural a la soledad de ciertos creyentes? ¿Deja libertad para explorarla, previene contra ella, recomienda reprimirla…? La dimensión comunitaria parece fundamental para los musulmanes, pero ¿deja espacio para una relación íntima con Dios?

H.B. Que no exista institución monástica en el islam no implica la inexistencia de formas y espacios de cultivo de lo que podríamos llamar el silencio y la soledad germinadores de uns o intimidad con Al·lāh. A modo de anécdota personal, me llamó mucho la atención, hace unos años, oírle decir a un teólogo católico que lo que más le llamaba la atención del célebre sabio sufí Mawlānā Rūmī era que hubiese alcanzado tal cima espiritual ¡siendo un hombre casado! Seyyed Hossein Nasr afirma que los primeros musulmanes son monjes que no guardan el celibato, haciéndonos ver que es posible vivir la proximidad y la intimidad con Dios que se le atribuye al monje, viviendo en familia y en sociedad. El islam, en general, y, más particularmente, el taṣawwuf o sufismo islámico, reconocen prácticas como el i`tiqāf o retiro que se realiza en los diez últimos días del mes de Ramadán, o la práctica sufí denominada jalwa, una suerte de retiro espiritual, al modo de los retiros que el propio profeta Muḥammad efectuaba periódicamente. En cualquier caso, se trata de prácticas puntuales que en modo alguno comportan aislarse de la sociedad. Se trataría, según afirman los propios sabios sufíes, de tomar distancia respecto a la cotidianidad para poder tener más perspectiva, pero no porque se piense que Dios no habite en el mundo de los hombres. El ideal sufí, por otro lado, es vivir el retiro en el mundo: vivir en el mundo sin que el mundo viva en uno. Y es que, según la sensibilidad religiosa islámica, estar con las creaturas es estar con Dios y estar con Dios es estar con las creaturas. No cabe en la mentalidad islámica concebir lo comunitario como un obstáculo para vivir la proximidad de lo divino. El mundo no es vivido como un problema por el musulmán: ni es una maldición ni tampoco el campo donde se enseñorea la tentación.

P. ¿Es el sufismo, la mística musulmana, una forma de crear un mayor espacio para la intimidad con Dios? ¿Tiene el derviche algo de “monje”? ¿Tiene la cofradía algo de comunidad monástica? Por otra parte, ¿en qué son realidades opuestas? ¿Es el sufí alguien que vive más intensamente para la religión, que la necesita más permanentemente, que el común de los fieles?

H.B. El taṣawwuf o sufismo islámico es el corazón del islam y el islam del corazón, entendiendo por corazón no el órgano de la expresión sentimental, tal como habitualmente se piensa, sino como centro del ser. No, el derviche no tiene nada de monje. Un derviche no es un monje, un derviche es un derviche. Intentar proyectar los atributos del monje sobre el derviche, comporta ver todas las expresiones religiosas desde la propia óptica. Por consiguiente, un derviche no será jamás lo que digan de él, sino, en todo caso, lo que el propio derviche quiera ser, si es que desea ser algo. Sea como fuere, si en el islam no existe el monaquismo, tal como ya hemos explicado, difícilmente un derviche, que a fin de cuentas es un espiritual musulmán, podría ser un monje. Ello no quita para que, a lo largo de los siglos, hayan existido formas bien dispares de vivir el taṣawwuf. El šayj Aḥmad al-`Alawī, un santo sufí del siglo XX según su biógrafo Martin Lings, fue zapatero remendón durante toda su vida, él, una de las cimas espirituales del islam contemporáneo. La diferencia entre un derviche y un creyente musulmán a secas tal vez estribe en que el primero siente un hambre de espíritu más punzante y necesita saciarla, lo cual no le concede ninguna excepcionalidad. Pero, eso nos llevaría muy lejos y no viene a cuento ahora.


 

P. ¿Existe un concepto coránico o árabe más adecuado que el griego “monje” para designar esta realidad?

H.B. El Corán usa el término árabe rāhib para referirse exclusivamente a los monjes cristianos, dado que tal realidad, insisto, no existe como tal en el ámbito del islam. El modelo coránico de santidad y sabiduría se designa mediante la palabra ṣālih que abarca dos campos semánticos que pueden ayudarnos a comprender cómo el islam concibe al sabio. El ṣālih es un sabio, un ser virtuoso, pero también alguien útil. Es decir, el sabio no supone ni una carga social ni tampoco un lujo de quien se pueda prescindir. El sabio, cuando lo es de verdad, es porque cumple una función objetiva en el mundo y ante la comunidad.

P. En el último número de la revista publicamos una entrevista a un monje trapense español cuya comunidad se halla en Marruecos. Los monjes han confraternizado con la población musulmana e incluso siguen el Ramadán, parece que no sólo para fomentar la convivencia, sino porque han encontrado en ello otra forma de acercarse a Dios. El monje al que entrevistábamos nos comentaba que del islam los cristianos podían aprender a no compartimentar y arrinconar la vida espiritual, que para los musulmanes lo impregna todo. En este sentido, ¿puede ser que en el islam no tenga sentido la existencia de un clero y un monacato pues la invitación es a que todo el mundo viva una vida absolutamente religiosa?

H.B. Mientras que en otras tradiciones religiosas, la función sacerdotal comporta una consagración específica de la persona, lo cual la capacita en exclusiva para cumplir ciertos ritos, no existe ningún rito ni práctica religiosa islámica que no pueda ser cumplido por cualquier creyente. Dicho de otro modo, todas las funciones religiosas están abiertas a todos, en función no de su especial consagración sino de su conocimiento. Podríamos decir que en el islam no existe el sacerdocio, que no tiene necesidad de él, puesto que todo musulmán lo es.

[Entrevista publicada en catalán en la revista Dialogal nº 49, primavera 2014, pp. 20-21].

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Extraído de: http://instituto-sufi.blogspot.com.ar/2014/06/entrevista-halil-barcena-islam-y.html
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sábado, 16 de agosto de 2014

La trascendencia de toda forma - Rumi

 
Toda forma que ves
Tiene su arquetipo en el mundo sin-lugar.
Si la forma se desvanece, no importa,
Permanece el original.


Las bellas figuras que contemplaste,
Las sabias palabras que oíste,
No te entristezcas si perecieron.


Mientras la fuente sea abundante,
El río da agua sin cesar.
¿Por qué te lamentas si ninguno de los dos se detiene?


La Esencia es la fuente,
Y las cosas creadas, los ríos.
Mientras la fuente mane, corren los ríos.


Quita de la cabeza todo pesar
Y sorbe a borbotones el agua de este río.
Que el agua no seca, no tiene fin.


Desde que has llegado al mundo del ser,
Una escalera ha sido puesta delante de ti, para que escapases.


Primero, fuiste mineral;
Después, te hiciste planta,
Y más tarde, animal.
¿Cómo puede esto ser secreto para ti?


Finalmente fuiste hecho hombre,
Con conocimiento, razón y fe.
Contempla tu cuerpo – un puñado de polvo –
¡Mira cuán perfecto se ha vuelto!


Cuando hayas cumplido tu jornada,
Ciertamente has de regresar como ángel;
Después de esto, habrás terminado de vez con la Tierra,
Y tu estación ha de ser el cielo.


Pasa nuevamente por la vida angelical,
Entra en aquel océano,
Y que tu gota se torne en mar,
Cien veces mayor que el Mar de Omán.


Abandona a este hijo que llamas cuerpo
Y di siempre “Uno” con toda el alma.
Si tu cuerpo envejece ¿qué importa?
Aún es fresca tu alma.


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Extraído del muro de Marcel Ossandón N en Facebook
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Carta a Meneceo y Máximas capitales - Epicuro


Carta a Meneceo

     Epicuro a Meneceo: ¡salud y alegría!


            Nadie por ser joven vacile en filosofar ni por hallarse viejo de filosofar se fatigue. Pues nadie está demasiado adelantado ni retardado para lo que concierne a la salud de su alma. El que dice que aún no le llegó la hora de filosofar o que ya le ha pasado es como quien dice que no se le presenta o que ya no hay tiempo para la felicidad. De modo que deben filosofar tanto el joven como el viejo: el uno para que, envejeciendo, se rejuvenezca en bienes por el recuerdo agradecido de los pasados, el otro para ser a un tiempo joven y maduro por su serenidad ante el futuro. Así pues, hay que meditar lo que produce la felicidad, ya que cuando está presente lo tenemos todo y, cuando falta, todo lo hacemos por poseerla.

            Lo que de continuo te he aconsejado, medita y ponlo en práctica, reflexionando que esos principios son los elementos básicos de una vida feliz. Considera, en primer lugar, a la divinidad como un ser vivo incorruptible y feliz, como lo ha suscrito la noción común de lo divino, y no le atribuyas nada extraño a la  inmortalidad o impropio de la infelicidad. Represéntate, en cambio, referido a ella todo cuanto sea susceptible de preservar la beatitud que va unida a la inmortalidad.

            Los dioses, en efecto, existen. Porque el conocimiento que de ellos tenemos es evidente. Pero no son como los cree el vulgo. Pues no los mantiene tal cual los intuye. Y no es impío el que niega los dioses del vulgo, sino quien atribuye a los dioses las opiniones del vulgo. Pues las manifestaciones del vulgo sobre los dioses no son prenociones, sino falsas suposiciones. Por eso de los dioses se desprenden los mayores daños y beneficios. Habituados a sus propias virtudes en cualquier momento acogen a aquellos que les son semejantes, considerando todo lo que no es de su clase como extraño.

            Acostúmbrate a pensar que la muerte nada es para nosotros. Porque todo bien y mal residen en la sensación, y la muerte es privación del sentir. Por lo tanto el recto conocimiento de que nada es para nosotros la muerte hace dichosa la condición mortal de nuestra vida, no porque le añada una duración ilimitada, sino porque elimina el ansia de inmortalidad.

            Nada hay, pues, temible en el vivir para quien ha comprendido rectamente que nada temible hay en el no vivir. De modo que es necio quien dice que teme a la muerte no porque le angustiará al presentarse sino porque le angustiará esperarla. Pues lo que al presentarse no causa perturbación vanamente afligirá mientras se aguarda. Así que el más espantoso de los males, la muerte, nada es para nosotros, puesto que mientras nosotros somos, la muerte no está presente, y, cuando la muerte se presenta, entonces no existimos. Con que ni afecta a los vivos ni a los muertos, porque para éstos no existe y los otros no existen ya. Sin embargo, la gente unas veces huye de la muerte como del mayor de los males y otras la acogen como descanso de los males de la vida.

            El sabio, en cambio, ni rehúsa la vida ni teme el no vivir. Porque no le abruma el vivir ni considera que sea algún mal el no vivir. Y así como en su alimento no elige en absoluto lo más cuantioso sino lo más agradable, así también del tiempo saca fruto no al más largo sino al más placentero. El que recomienda al joven vivir bien y al viejo partir bien es un tonto, no sólo por lo amable de la vida, sino además porque es el mismo el cuidado de vivir bien y de morir bien. Pero mucho peor es el que dice: “Bueno es no haber nacido, o bien una vez nacido traspasar cuanto antes las puertas del Hades.”[Teognis]

            Pues si afirma eso convencido, ¿cómo no se aparta de la vida? Pues eso está a su alcance, si es que ya lo ha deliberado seriamente. Si lo dice chanceándose, es frívolo en lo que no lo admite.

            Hay que rememorar que el porvenir ni es nuestro ni totalmente no nuestro, para que no aguardemos que lo sea totalmente ni desesperemos de que totalmente no lo sea.

            Reflexionemos que de los deseos unos son naturales, otros vanos; y de los naturales unos son necesarios, otros sólo naturales; y de los necesarios unos lo son para la felicidad, otros para el bienestar del cuerpo y otros para la vida misma. 

            Un conocimiento firme de estos deseos sabe, en efecto, referir cualquier elección o rechazo a la salud del cuerpo y a la serenidad del alma, porque eso es la conclusión del vivir feliz. Con ese objetivo, pues, actuamos en todo, para no sufrir dolor ni pesar. Y apenas de una vez lo hemos alcanzado, se diluye cualquier tempestad del alma, no teniendo el ser vivo que caminar más allá como tras una urgencia ni buscar otra cosa con la que llegara a colmarse el bien del alma y del cuerpo. Porque tenemos necesidad del placer en el momento en que, por no estar presente el placer, sentimos dolor. Pero cuando no sentimos dolor, ya no tenemos necesidad del placer.

            Precisamente por eso decimos que el placer es principio y fin del vivir feliz. Pues lo hemos reconocido como bien primero y connatural y de él tomamos el punto de partida en cualquier elección y rechazo y en él concluimos al juzgar todo bien con la sensación como norma y criterio. Y puesto que es el bien primero y connatural, por eso no elegimos cualquier placer, sino que hay veces que soslayamos muchos placeres, cuando de éstos se sigue para nosotros una molestia mayor. Muchos dolores consideramos preferibles a placeres, siempre que los acompañe un placer mayor para nosotros tras largo tiempo de soportar tales dolores. Desde luego todo placer, por tener una naturaleza familiar, es un bien, aunque no sea aceptable cualquiera. De igual modo cualquier dolor es un mal, pero no todo dolor ha de ser evitado siempre. Conviene, por tanto, mediante el cálculo y la atención a los beneficios y los inconvenientes, juzgar todas estas cosas, porque en algunas circunstancias nos servimos de algo bueno como un mal y, al contrario, de algo malo como un bien.

            Así que la autosuficiencia la consideramos un gran bien, no para que en cualquier ocasión nos sirvamos de poco, sino para que, siempre que no tengamos mucho, nos contentemos con ese poco, verdaderamente convencidos de que más gozosamente disfrutan de la abundancia quienes menos necesidad tienen de ella, y de que todo lo natural es fácil de conseguir y lo superfluo difícil de obtener. Y los alimentos sencillos procuran igual placer que una comida costosa y refinada una vez que se elimina todo el dolor de la necesidad. Y el pan y el agua dan el más elevado placer cuando se los procura uno que los necesita. En efecto, habituarse a un régimen de comidas sencillas y sin lujos es provechoso para la salud, hace al hombre desenvuelto frente a las urgencias inmediatas de la vida cotidiana, nos pone en mejor disposición de ánimo cuando a intervalos accedemos a refinamientos y nos equipa intrépidos ante la fortuna. 

            Por tanto, cuando decimos que el placer es el objetivo final, no nos referimos a los placeres de los viciosos o a los que residen en la disipación, como creen algunos que ignoran o que no están de acuerdo o interpretan mal nuestra doctrina, sino al no sufrir dolor en el cuerpo ni estar perturbados en el alma. Porque ni banquetes ni juergas constantes ni los goces  con mujeres y adolescentes, ni pescados y las demás cosas que una mesa suntuosa ofrece, engendran una vida feliz, sino el sobrio cálculo que investiga las causas de toda elección y rechazo, y extirpa las falsas opiniones de la que procede la más grande perturbación que se apodera del alma.

            De todo esto principio y el mayor bien es la prudencia. Por ello la prudencia resulta algo más preciado incluso que la filosofía. De ella nacen las demás virtudes, porque enseña que no es posible vivir placenteramente sin vivir sensata, honesta y justamente, ni vivir sensata, honesta y justamente sin vivir con placer. Las virtudes, pues, están unidas naturalmente al vivir placentero, y la vida placentera es inseparable de ellas. Porque, ¿quién piensas tú que sea superior a quien sobre los dioses tiene creencias piadosas y ante la muerte está del todo impávido y ha reflexionado el fin de la naturaleza y sabe que el límite de los bienes es fácil de colmar y de conseguir, mientras que el de los males presenta breves sus tiempos o sus rigores?; ¿y que se burla de aquella introducida como tirana universal, la Fatalidad, diciendo que algunas cosas suceden por necesidad, otras por azar y otras dependen de nosotros, porque afirma que la necesidad es irresponsable, que el azar es vacilante, mientras lo que está en nuestro poder no tiene otro dueño, por lo cual le acompaña naturalmente la censura o el elogio?

            Pues sería mejor prestar oídos a los mitos sobre los dioses que caer esclavos de la Fatalidad de los físicos. Aquellos esbozan una esperanza de aplacar a los dioses mediante el culto, mientras que ésta presenta una exigencia inexorable.

            En cuanto a la Fortuna, ni la considera una divinidad como cree la muchedumbre –puesto que la divinidad no hace nada en desorden- ni una causalidad insegura, pues no cree que a través de ésta se ofrezcan a los hombres el bien o el mal para la vida feliz, aunque determine el rumbo inicial de grandes bienes o males. Piensa que es mejor ser sensatamente desafortunados que gozar de buena fortuna con insensatez. Pero es mejor que lo rectamente decidido se enderece en nuestras propias acciones con su ayuda.

            Estos consejos, pues, y los afines a ellos medítalos en tu interior día y noche contigo mismo y con alguien semejante a ti, y nunca ni despierto ni en sueños sufrirás perturbación, sino que vivirás como un dios entre los hombres. Pues en nada se asemeja a un mortal el hombre que vive entre bienes inmortales.

(Epicuro, Carta a Meneceo, Traducción: Carlos García Gual)



Máximas capitales



            I. El ser feliz e imperecedero (la divinidad) ni tiene él preocupaciones ni las procura a otro, de forma que no está sujeto a movimientos de indignación ni de agradecimiento. Porque todo lo semejante se da sólo en el débil.

            [En otros lugares dice (Epicuro) que los dioses son cognoscibles por la razón, presentándose los unos individualmente, otros en su semejanza formal, a partir de la continua afluencia de imágenes similares que constituyen el mismo objeto, en forma humana.]

            II. La muerte nada es para nosotros. Porque lo que se ha disuelto es insensible, y lo insensible nada es para nosotros.

            III. Límite de la grandeza de los placeres es la eliminación de todo dolor. Donde exista placer, por el tiempo que dure, no hay dolor ni pena ni la mezcla de ambos.

            IV. No se demora continuamente el dolor en la carne, sino que el más agudo perdura el mínimo tiempo, y el que sólo aventaja apenas lo placentero de la carne no persiste muchos días. Y las enfermedades muy duraderas ofrecen a la carne una mayor cantidad de placer que de dolor.

            V. No es posible vivir con placer sin vivir sensata, honesta y justamente; ni vivir sensata, honesta y justamente sin vivir placenteramente. Quien no tiene esto a mano no puede vivir con placer.

            VI. Con el fin de tener seguridad ante la gente hay un bien en el poder y en la realeza como medios de procurarse esa seguridad.

            VII. Famosos e ilustres quisieron hacerse algunos, creyendo que así conseguirían rodearse de seguridad frente a la gente. De suerte que, si su vida es segura, consiguieron el bien de la naturaleza. Pero si no es segura, no poseen el objetivo al que se sintieron impulsados de acuerdo a lo propio de la naturaleza.

            VIII. Ningún placer es por sí mismo un mal. Pero las causas de algunos placeres acarrean muchas más molestias que placeres.

            IX. Si pudiera densificarse cualquier placer, y lo hiciera tanto en su duración como por su referencia a todo el organismo o a las partes dominantes de nuestra naturaleza, entonces los placeres no podrían diferenciarse jamás unos de otros.

            X. Si lo que motiva los placeres de los disolutos les liberara de los terrores de la mente respecto de  los fenómenos celestes, la muerte y los sufrimientos, y les enseñara además el límite de los deseos, no tendríamos nada que reprocharles a ellos, saciados por doquier de placeres y carentes en todo tiempo de pesar y de dolor, de lo que es en definitiva el mal.

            XI. Si nada nos perturbaran lo recelos ante los fenómenos celestes y el temor de que la muerte sea algo para nosotros de algún modo, y el desconocer además los límites de los dolores y de los deseos, no tendríamos necesidad de la ciencia natural.

            XII. No era posible disolver el temor ante las más importantes cuestiones sin conocer a fondo cuál es la naturaleza del todo, recelando con temor algo de lo que cuentan los mitos. De modo que sin la investigación de la naturaleza no era posible obtener placeres sin tacha.

            XIII. Ninguna sería la ganancia de procurarse la seguridad entre los hombres si uno se angustia por las cosas de más arriba y por las de debajo de tierra y, en una palabra, las del infinito.

XIV. Cuando ya se ha conseguido hasta cierto punto la seguridad frente a la gente mediante una sólida posición y abundancia de recursos, aparece la más nítida y pura, la seguridad que procede de la tranquilidad y del apartamiento de la muchedumbre.

            XV. La riqueza acorde con la naturaleza está delimitada y es fácil de conseguir. Pero la de las vanas opiniones se desparrama hasta el infinito.

            XVI. Breves asaltos da al sabio la fortuna. Pues las cosas más grandes e importantes se las ha administrado su razonamiento y se las administra y administrará en todo el tiempo de su vida. 

            XVII. El justo es el más imperturbable, y el injusto rebosa de la mayor perturbación.

            XVIII. No se acrece el placer en la carne una vez que se ha extirpado el dolor por alguna carencia, sino que tan sólo se colorea. En cuanto al límite dispuesto por la mente al placer, lo engendra la reflexión sobre estas mismas cosas y las afines a ellas, que habían procurado a la mente los mayores temores. 

            XIX. El tiempo infinito y el limitado contienen igual placer si uno mide los límites de éste mediante la reflexión.

            XX. La carne concibe los límites del placer como infinitos, y un tiempo infinito requeriría para ofrecérselos. Pero la mente, que ha comprendido la conclusión racional sobre la finalidad y límite de la carne y que ha desvanecido los temores a la eternidad, nos procura una vida perfecta. Y ya para nada tenemos necesidad de un tiempo infinito. Pero tampoco rehúye el placer ni, cuando los hechos disponen nuestra partida del vivir, se da la vuelta como si le hubiera faltado algo para la existencia mejor.

            XXI. Quien es consciente de los límites de la vida sabe cuán fácil de conseguir es lo que elimina el dolor por una carencia y lo que hace lograda una vida entera. De modo que para nada reclama cosas que traen consigo luchas competitivas.

            XXII. Es preciso confirmar reflexivamente el fin propuesto y toda la evidencia a la que referimos nuestras opiniones. De lo contrario todo se nos presentará lleno de incertidumbre y confusión.

            XXIII. Si te opones a todas las sensaciones, no tendrás siquiera un punto de referencia para juzgar las que dices ser falsas.

            XXIV. Si vas a rechazar en bloque cualquier sensación y no vas a distinguir lo opinado y lo añadido y lo ya presente en la sensación y en los sentimientos y cualquier proyección imaginativa del entendimiento, confundirás incluso las demás sensaciones con tu vana opinión hasta el punto de derribar cualquier criterio de juicio. Por el contrario, si vas a afirmar como seguro también todo lo añadido en las representaciones imaginativas y lo que no ha recibido confirmación, no evitarás el error. Porque estarás guardando una total ambigüedad en cualquier deliberación sobre lo correcto y lo incorrecto.

            XXV. Si no refieres en todo momento cada uno de tus actos al fin de la naturaleza, sino que te desvías hacia algún otro, sea para perseguirlo o evitarlo, no serán tus acciones consecuentes con tus razonamientos.

            XXVI. De los deseos todos cuantos no concluyen en dolor si no se colman no son necesarios, sino que tienen un impulso fácil de eludir cuando parecen ser de difícil consecución o de efectos perniciosos.

            XXVII. De los bienes que la sabiduría procura para la felicidad de la vida entera, el mayor con mucho es la adquisición de la amistad.

            XXVIII. El mismo buen juicio que nos ha hecho tener confianza en que no existe nada terrible eterno o muy duradero nos hace ver que en los mismos términos limitados de la vida la seguridad consigue su perfección sobre todo de la amistad.

            XXIX. De los deseos los unos son naturales y necesarios; los otros naturales y no necesarios; y otros no son ni naturales ni necesarios, sino que se originan en la vana opinión.

            [Naturales y necesarios considera Epicuro a los que eliminan el dolor, como beber cuando se tiene sed. Naturales, pero no necesarios los que sólo diversifican el placer, pero no eliminan el sentimiento de dolor, como la comida refinada. Ni naturales ni necesarios (considera), por ejemplo, las coronas y la erección de estatuas honoríficas.]

            XXX. A algunos de los deseos naturales que no acarrean dolor si no se colman les acompaña una intensa pasión. Ésos nacen de la vana opinión y no es por su propia naturaleza por lo que no se diluyen, sino por la vanidad de la persona humana.

            XXXI. Lo justo según la naturaleza es un acuerdo de lo conveniente para no hacerse daño unos a otros ni sufrirlo.

            XXXII. Respecto a todos aquellos animales que no pudieron concluir sobre el no hacerse ni sufrir daño mutuamente, para ellos nada hay justo o injusto. Y de igual modo también respecto a todos aquellos pueblos que no pudieron o no quisieron concluir tales pactos sobre el no hacer ni sufrir daño.

            XXXIII. La justicia no era desde un comienzo algo por sí mismo, sino u cierto pacto sobre el no hacer ni sufrir daño surgido en las relaciones de unos y otros en lugares y ocasiones determinadas.

            XXXIV. La injusticia no es en sí misma un mal, sino por el temor ante la sospecha de que no pasará inadvertida a los establecidos como castigadores de tales actos.

            XXXV. No le es posible a quien furtivamente viola alguno de los acuerdos mutuos sobre el no dañar ni ser dañado, confiar en que pasará inadvertido, aunque así haya sucedido diez mil veces hasta el presente. Es desde luego incierto si será así hasta su muerte.

            XXXVI. Según la noción común, el derecho es lo mismo para todos, es decir, lo que es provechoso al trato comunitario. Pero el particular de un país y de momentos concretos no por todos se acuerda que sea el mismo.

            XXXVII. De las leyes establecidas tan sólo la que se confirma como conveniente para los usos del trato comunitario posee el carácter de lo justo, tanto si resulta ser la misma para todos como si no. Si se establece una ley, pero no funciona según lo provechoso al trato comunitario, ésta no posee ya la naturaleza de los justo. Y si lo conveniente según el derecho cambia, pero durante algún tiempo está acorde con nuestra prenoción de lo justo, no por ese cambio es durante ese mismo tiempo menos justo para quienes no se confunden a sí mismos con palabras vanas, sino que atienden sencillamente a los hechos reales.

            XXXVIII. Cuando, sin aparecer variaciones en las circunstancias, resulta manifiesto que las cosas sancionadas como justas por las leyes no se adecuan ya en los hechos mismos a nuestra prenoción de lo justo, ésas no son justas. Cuando al variar las circunstancias, ya no son convenientes las mismas cosas sancionadas como justas, se ve que eran justas entonces, cuando resultaban convenientes al trato comunitario de los conciudadanos, y luego ya no eran justas, cuando dejaron de ser convenientes.

            XXXIX. Quien se dispone de la mejor manera para no sentir recelos de las cosas externas, ése procura familiarizarse con todo lo que le es posible, y que las cosas que no se prestan a ello no le resulten hostilmente extrañas. Respecto de aquello en que ni siquiera eso les es posible, evita tratarlo y delimita las cosas en que le es provechosa obrar así.

            XL. Quienes han tenido la capacidad de lograr la máxima seguridad en sus prójimos consiguen vivir así en comunidad del modo más placentero, teniendo la más firme confianza y, aún logrando la más colmada familiaridad, no sollozan la marcha prematura del que ha muerto como algo digno de lamentación.

(Epicuro, Máximas capitales, Traducción: Carlos García Gual)

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miércoles, 13 de agosto de 2014

El Zoroastrismo

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El Zoroastrismo o Mazdeísmo es la religión monoteísta más antigua después del Hinduismo, con la que comparte sus conceptos fundamentales. 

Surgió en la antigua Persia –hoy Irán- hace miles de años, luego de la llegada de los arios desde el Norte de Asia. Por esta razón pertenece a las religiones de origen ario y su idioma, el Avesta, comparte la raíz con el sánscrito.

Las escrituras sagradas se llaman Zend-Avesta o Avesta, en referencia al idioma en que fue escrito. La quintaesencia del Avesta está en los Gazas, diecisiete himnos compuestos por el propio Zaratustra, también llamado Zoroastro. El profeta más antiguo no fundó una nueva fe sino que profundizó la existente, el Mazdeísmo (Mazdayasna: “adoradores de Mazda”, Dios). Actualmente los zoroastrianos o mazdeístas son los persas que no se convirtieron al Islam y forman una comunidad desperdigada entre Irán y la India principalmente, donde se los llama parsis. 


Religiones posteriores como el Judaísmo, Cristianismo y el Islam comprenden gran parte de las enseñanzas de Zaratustra. Pero mientras estas crecieron y atrajeron a millones de creyentes, el profeta más antiguo quedó en la oscuridad, recordado solo por académicos o por los propios creyentes. Actualmente la mayoría de ellos vive en la India (cerca de Mumbai), tierra que los amparó tras huir de Persia en el siglo VII por la invasión de los árabes. En 2004 se calculó que en el mundo había unos 250.000 creyentes, aunque proyecciones recientes calculan la existencia de más de un millón. Las cifras más optimistas sitúan unos 30.000 a 40.000 practicantes en Irán, que tienen un representante en el Parlamento. Si bien el Zoroastrismo es tolerado en su tierra natal, está pobremente integrado al resto de la sociedad islámica. En contraste, los zoroastrianos son tolerantes respecto a otros cultos porque su juicio se basa en las acciones de las personas y no en sus creencias. Como no es una religión proselitista, la ausencia de predicación fue otro de los factores que ocasionó su casi desaparición.


LOS ORÍGENES

Las religiones actuales se clasifican en tres grandes grupos según las razas: las arias, las semitas y las mongoles. El Hinduismo, Zoroastrismo, Budismo, Sikhismo y Jainismo  pertenecen a las arias; el Judaísmo, El Cristianismo y el Islam a las semitas; y el Confusionismo, Sintoísmo y Taoísmo a las mongoles. 


El Avesta es la lengua utilizada por los arios en Irán, que deriva del sánscrito. Su sintaxis y gramática son muy similares a las secciones más antiguas del Rig Veda, una de las escrituras fundacionales del hinduismo. En Avesta, Irán se llamaba Aryanam Vaejo, que significa “Entrada de los arios”. La religión se llamaba Mazdayasni Din. Din significa fe y Mazdayasni, adoración al Creador. Los gobernantes arios tuvieron conflictos con las tribus aborígenes porque eran politeístas que creían en rituales para apaciguar a una gran cantidad de espíritus malignos.

VIDA DE ZARATUSTRA

Aun en la actualidad hay controversias tanto sobre la vida de Zaratustra como sobre su fecha y lugar de nacimiento. Hace doscientos años se afirmaba que había nacido y vivido en el siglo VII antes de Cristo. Descubrimientos arqueológicos, estudios del lenguaje, la utilización del carbono 14 y otros factores llevaron el nacimiento de Zoroastro hasta el 6300 a. C.. Hoy se la considera la fecha más fidedigna, aunque hay versiones que plantean el 9000 a.C. Heródoto y Platón, quienes vivieron entre los siglos IV y III a.C., calcularon la existencia de Zaratustra alrededor del 6400 a.C.
A pesar de las diferencias, ya nadie duda que el profeta existió antes del 2000 a.C. Para esa época el Avesta, idioma que utilizó en sus escritos, era una lengua muerta.


El despertar

En el Vendidad, un compendio del Avesta (las Sagradas Escrituras), se establece que Zaratustra nació en el pueblo de Rai, en la casa de Purushasp del clan Spitaman, en la provincia de Bactria. Previo a su nacimiento, Dughdova, su madre, tuvo un sueño donde se le reveló la misión de su hijo. 

A los siete años, su maestro Kurush inició a Zaratustra en los ocultos misterios de la fe Mazdayasna, y a los quince se inició con la ceremonia de Navazote (explicada más adelante). Más tarde se recluyó en un lugar solitario para meditar profundamente y para entrar en comunión con Dios. Estuvo aislado durante diez años y en ese período las Gazas le fueron reveladas por el Creador. Estos textos son las bases de las enseñanzas de Zaratustra, y los más antiguos de la literatura Avesta. 


Su Iluminación ocurrió cuando tenía treinta años. Como todas las mañanas antes de la salida del sol, Zaratustra fue a recoger agua del río. Allí vio por primera vez la luz divina, a Ahura Mazda como el Sabio Creador y sus seis emanaciones o Amesha Spentas. 


Comprendió las leyes o el principio sostenedor del Universo, y entendió la relación entre Ahura Mazda, los Amesha Spentas y la Creación.

Luego de su Iluminación, Zaratustra quería compartirla con el mundo. Entonces reunió a su familia y conocidos para que escucharan sus enseñanzas. Su primo Maedyoimaha se volvió su primer discípulo. Su mujer Hvovi también aceptó sus enseñanzas y se convirtió en su segunda seguidora. Uno a uno, sus hijos adoptaron su filosofía.


Desafíos


Las dificultades comenzaron cuando Zaratustra decidió expandir sus enseñanzas fuera del círculo familiar. Comenzó a instruir en las calles de su ciudad natal, donde encontró una resistencia profundamente arraigada por parte de los sacerdotes que vivían de acuerdo a las prácticas tradicionales. A pesar de que Zaratustra probó distintas técnicas de enseñanza, cada vez se encontraba con una mayor resistencia. De hecho, en los siguientes doce años solo ganó 22 seguidores, incluyendo su esposa e hijos, y su primo.
Dos de su discípulos más notables aparecen en los Gazas: Frashaoshtra y Jamaspa, de la familia Hvogva. Después de un tiempo Pouruchista, una de las hijas de Zaratustra, contrae matrimonio. En los Gazas, el profeta da consejos a su hija y a todas las novias y novios, pero no nombra al prometido. Sin embargo, la tradición tardía afirma que su hija se casó con Jamaspa.


A pesar del paso del tiempo, la oposición vehemente de los gobernantes y sacerdotes de su tierra natal seguía tan firme como en los primeros días. Entonces, Zaratustra decidió viajar a otras tierras. Movilizó a sus seguidores para propagar su filosofía, con los que formó un grupo de 23 personas. 


A donde fueran encontraban oposición debido al rechazo interesado de los gobernantes y sacerdotes, y a la resistencia de la gente. Hasta que un día Zaratustra supo de un rey llamado Vishtaspa en un país vecino, un hombre justo además de sabio, y decidió ir a verlo.


El gran avance

 
Zaratustra consiguió una audiencia con el rey Vishtaspa. En ella participaron varios sacerdotes para interrogarlo y probar su nueva filosofía. El profeta contestó todas las preguntas con éxito y el rey quedó satisfecho. Luego de reflexionar, Vishtaspa adoptó su doctrina. 


Los escritos de Zaratustra fueron divididos en 21 volúmenes por orden del rey y repartidos a lo largo del antiguo Irán. A su vez, estos fueron divididos en tres partes, cada una con siete tomos. La primera contiene las enseñanzas espirituales más altas; la segunda trata sobre ciencias y rituales; y la tercera comprende los códigos de ética y las leyes de la vida.
Fue así como las enseñanzas de Zaratustra fueron incluidas en la religión oficial. De acuerdo a la tradición tardía, el profeta más antiguo dejó su cuerpo a los 77 años.


SU ENSEÑANZA

Las Sagradas Escrituras


La enseñanza de Zaratustra se conserva principalmente en sus diecisiete himnos conocidos como Gazas (Gathas). Estos himnos fueron incorporados al Zend-Avesta o Avesta. Buenos pensamientos, buenas palabras y buenas acciones (Humata, Hukhta, Huvarashta) son la quintaesencia de la enseñanza de Zaratustra. Sin embargo, no por eso su instrucción era simple. Conceptos como “Asha” -que en términos sencillos puede asimilarse a un principio ordenador de la realidad- son sumamente abstractos, lo cual demuestra el tipo de aprehensión cognitiva que desarrollaron Zoroastro y sus discípulos.
Los Gazas de Zaratustra aparecen en el Yasna, la parte más extensa del Avesta. El Yasna está dividido en 72 capítulos, también conocidos como hads or has (del Avesta ha'iti, 'cortar'). Lamentablemente, las vicisitudes del tiempo y de las guerras destruyeron la mayor parte de estos volúmenes. Sólo sobrevivió la sexta parte y la religión de hoy en día está basada en estos remanentes. 


De todas maneras, los textos preservados casi triplican el tamaño del Corán. Además los Gazas fueron excepcionalmente bien preservados (excepto los últimos capítulos), y contienen las palabras puras e inspiradoras de su fundador.
Conjuntamente con el Yasna, los otros textos sobrevivientes del Avesta son: 


1) El Vispared: 24 capítulos de extensiones de la liturgia.


2) El Vendidad: 22 capítulos de códigos sacerdotales, observancias religiosas.


3) El Khordah-Avesta (pequeño Avesta): libro de plegarias para sacerdotes y creyentes.


Los Pahalvi son escritos compuestos tardíamente durante los siglos III y X d.C. Consisten principalmente en traducciones del Avesta y sus comentarios, que dan una visión algo distorsionada de las enseñanzas originales. Escritores occidentales recurrieron a estos textos posteriores para su estudio sobre Zaratustra, y muchos de ellos fueron responsables de la malinterpretación de sus enseñanzas. Incluso los Vedas y Upanishads del Hinduismo son más cercanos a los Gazas en pensamiento y lenguaje, que los Pahalvi.


Dios

El Zoroastrismo reconoce a un Ser Supremo, llamado Ahura Mazda. “Ahu” significa Ser. En sánscrito, Ahu es lo mismo que Atma, el morador real del corazón, el “yo” verdadero. La primera enseñanza del Profeta es que Ahura Mazda es el Supremo Ser Único. Ahura (asura en sánscrito antiguo) significa Creador de vida. Maz (en sánscrito mah) y la raíz da (en sáncrito dha), significa Creador de la Materia. Entonces, Ahura Mazda es el Ser único omnipresente, creador de la vida y la materia. 


El Dios del Mazdeísmo no es un Juez severo que castiga los errores humanos. Ahura Mazda es el Bien Supremo, la Luz que guía a los hombres. Creó el universo para que ellos progresen y evolucionen hacia la meta, que es la unión con Dios. Así alcanzarán la Plenitud (Haurvatat) y la Eternidad (Ameretat).


Los Amesha-Spenta o cualidades divinas



El Ser Supremo es sin forma. Solo puede ser visto con el ojo interno (Yasna 45:8), y no a través de los sentidos. Para experimentarlo directamente, Zaratustra mostró el camino a través de los seis Amesha-Spenta (Sagrados Inmortales) o aspectos de Dios. Son nociones abstractas que posteriormente fueron concebidas como ángeles o espíritus. Consisten en la Mente Pura (Vohu Manah), la Rectitud más Alta (Asha Vahishta), el Poder Divino (Khshathra Vairya), la Piedad Progresiva (Spentâ Aramaiti), la Plenitud (Haurvatât), y la Inmortalidad (Ameretât). Los últimos tres aspectos son descriptos como Dones de la Gracia divina que acontecen al aspirante por seguir la Rectitud más alta o Verdad. 

Los Amesha-Spenta son seis en número y todos son aspectos del Supremo Ahura Mazda:



• Ahura Mazda o Dios: No es un Amesha-Spenta pero es su razón de ser. Dios es la fuente de toda la creación y el propósito al que se debe aspirar. Zaratustra enseñó que Mazda creó el universo a través de la Evolución, que implica progreso en cantidad y calidad: primero el cielo, luminarias, luego el agua y la tierra. La vegetación creció en la tierra seguida por las formas simples de animales, que evolucionaron hasta el hombre. El ser humano tiene en sí el Ser divino o AHU, que debe descubrir, junto con las tendencias animales que tiene que ir abandonando progresivamente.

• El primer Amesha-Spenta es Vohu Manah o la Mente Pura. Solo una mente pura y benevolente puede comprender la verdadera naturaleza del hombre, la Suprema Realidad, y discernir entre lo verdadero y lo falso, lo correcto e incorrecto. Es una mente de pensamiento lógico y preciso, con una claridad libre de prejuicios y preconceptos, y por lo tanto capaz de percibir la bondad del Creador. Esto ocurre cuando la persona elige "Spenta Mainyu" – la Mentalidad progresista, al buscar examinar las "...mejores cosas... considerar (reflexionar y meditar) con una mente brillante (clara y objetiva) y…seleccionar alguno de los dos discernimientos (mentalidades)…" (Verso 3:2). Vohu Manah quizás sea mejor descripto como la iluminación que ocurre al que, como Zaratustra, percibe el Ser en su sabiduría como el creador del universo en toda su magnificencia.

• La Mente Pura permite captar el segundo aspecto de Dios, el Asha-Vahishta. “Vahishta” significa Lo Más Alto, y “Asha” es el Principio Ordenador de la Realidad o Ley Eterna (Dharma en sánscrito). Este Principio no se refiere solo a un orden físico sino espiritual, mental y ético. El aspirante debe comprender y seguir la eterna ley de Dios mediante una conducta recta. La Rectitud abarca todas las virtudes basadas en la Verdad: en pensamiento, palabra y acción. Es notable que los Vedas presentan el mismo concepto en la frase “Sathyan-nasti paro Dharma”, que significa “No hay Dharma (rectitud, principio) más alto que la adherencia a la Verdad.” Es el camino a Dios por excelencia. En el Yasna 60:12 el aspirante eleva una plegaria: “Que yo pueda, a través de Asha-Vahishta, tener una visión de Ti, que pueda ser atraído por Ti, y que pueda unirme a Ti”.

• El tercer aspecto está descripto en la primera línea del Yasna 51:1, como el “Vohu-Kshathrem-Vairym” o Poder Divino, Soberano. Es una bendición otorgada a todos aquellos que consagran su vida a seguir el camino de la Rectitud mediante la Mente Pura. Es la apropiación de estos principios divinos y su aplicación a la sociedad y a la vida individual. Gracias a esta fuerza, el aspirante adquiere el poder de reinar en su reino interior.

• Spenta-Armaiti es el don de la sabiduría suprema nacida de la Piedad y la Devoción. El Yasna 32:2 afirma que Spenta Armaiti va de la mano de Asha y en el Yasna 45:4 es descripta como la hija de Mazda e igualada con la Sabiduría de Asha. El aspirante progresa a través de la gracia de Armaiti (Yasna 30:7), que trae con ella las otras tres cualidades: Menta Pura, Rectitud y Poder divino. 

• El don de Khurdad-Haurvatat o Dulzura de la Perfección. Es un estado de Plenitud, de completo bienestar, en el que el aspirante percibe al Uno y como consecuencia de esta comprensión, irradia amor. Es el fin de la dualidad.

• El estado de inmortalidad o Ameratat (Amrita en sánscrito) es el don final de Su gracia. El aspirante es un alma liberada que ya no se identifica con el cuerpo. Es un estado de completa bienaventuranza.

¿Una religión dualista?

Afirmar que el Zoroastrismo es una religión dualista es un error. Hay un Ser único o Dios; Ahura Mazda. El Bien y el Mal son inherentes a las elecciones éticas de los mortales. El Mal sólo mora dentro de las mentes y se produce por elecciones equivocas, retrógradas, malas. Por otro lado el Bien también es un producto de las decisiones rectas de la mentalidad Progresista o Pura.


En el primer verso del Yasna 30, Zaratustra se refiere a estas dos “mentalidades” (Mainyus) creadas por Ahura Mazda, entre las cuales el hombre debe discernir. La mentalidad buena, progresista, es la moralmente edificante o “Spenta Mainyu”. El gemelo opuesto es "Aka o Angra Mainyu": la mentalidad mala, injusta, retrógrada. Él dice que estos dos 'Mainyus' son gemelos "… el 'bueno' y el 'malo' en pensamientos, palabras y hechos". Zaratustra hace énfasis en la necesidad de elección y en la importancia de elegir el bien, que está en armonía con el Orden Cósmico (Asha) y es conducente a la Unión con Dios o Perfecta Bienaventuranza. Para lograrlo, propone la tríada ética de buenos pensamientos, buenas palabras y buenas acciones.


En los textos ulteriores (Pahalvi) estas mentalidades gemelas fueron concebidas como dos "espíritus", y posteriormente transformadas en dos entidades "Ohrmazd" (Dios) y "Ahriman" (el Diablo). Esta distorsión tardía ocurrida durante la dinastía de los sasánidas dio lugar a la creencia errónea que hay Dualismo teológico en el Zoroastrismo.


Sin embargo, no hay ningún Ahriman (diablo) en los Gazas y nunca se lo menciona como una entidad o como un espíritu. Las dos mentalidades, los dos principios, representan las elecciones éticas que los humanos deben hacer e indican la manera correcta y justa de vivir la vida.



Las acciones y sus frutos

“La Rectitud es la virtud más alta,
sólo ella brinda felicidad.
Feliz es aquélque es recto

por la Rectitud misma”
Zaratustra


Los Gazas proclaman que aquellos que desean agradar al Sabio escogen la Rectitud a través de “las acciones verdaderas o buenas". El Yasna 30:5 dice que la mentalidad injusta escoge las peores acciones que conllevan los peores resultados posibles. 

Zaratustra dice: “Él en Su plan, creó para nosotros prosperidad y adversidad” (Yasna 45:9). Pero la adversidad no es un castigo divino, sino el efecto de la ley de causa y consecuencia. El Yasna 43:5 declara que todos los actos y palabras tendrán sus respectivos frutos; el mal para los malos y la bendición de la felicidad para los buenos. De acuerdo al camino que siga, la mente puede forjar estas cadenas de atadura o disolverlas. 


En el Yasna 49:11, Zaratustra afirma que el destino de las malas acciones es la morada de la Ignorancia, necesaria para aquellas almas cuya luz interior sigue tenue y que aun no contemplaron la Luz de la Verdad. También declara que es posible lograr la salvación en vida si uno dedica todo su esfuerzo para lograrlo, siguiendo el camino de la Rectitud (Asha) y cultivando la Mente Benevolente o Pura (Vohu-Manah). (Yasna 51:16-7).


Los símbolos

Otro de los errores más comunes con respecto al Zoroastrismo es llamarla “la religión de los adoradores del fuego”, como si fuese un culto primitivo que adora los elementos de la naturaleza. Tampoco es una religión iconoclasta. El Fuego y el Farohar, los dos símbolos del Zoroastrismo, son estrictamente eso; símbolos. Zaratustra vio en el fuego una representación física de Asha (Orden/Verdad/Rectitud). Es fuente de luz, calor y energía, y como tal es símbolo de Sabiduría, Amor y Vida respectivamente. El fuego destruye la ignorancia a través de su iluminación y resplandor. Es el “Hijo de Ahura Mazda” y “el más hermoso cuerpo de Dios”. Estas referencias no hablan de su aspecto físico sino de la chispa divina o el fuego interior del hombre. Por todas estas razones, Zaratustra estableció el fuego como altar. 


En los templos zoroastrianos hay un fuego encendido de forma permanente que solamente los sacerdotes pueden alimentar. En Udwada, un pueblo cerca de Mumbai, India, hay un templo cuyo fuego no se apaga desde el año 721 d.C., y hoy en día es un centro de peregrinación para los Parsis. 


El Zoroastrismo también tiene otro símbolo, el Faravahar o Farohar. Representa el propósito de la vida en la Tierra, que es promover el progreso del alma hacia la unión con Ahura Mazda o Dios. En el centro de la figura, el círculo representa el alma del individuo.


Las dos “piernas” curvas representan la Mentalidad Progresiva o Spenta-Mainyu y la retrógrada o Angra-Mainyu. Para ayudar al alma a elegir entre estas dos mentalidades, se le da un timón en forma de cola. Esta cola tiene tres capas de plumas, que representan la tríada de buenos pensamientos, palabras y acciones (Humata, Hukhta y Hvarasta). Gracias a la práctica de estas tres virtudes, el aspirante puede progresar hacia la Perfección.


La ceremonia religiosa

La ceremonia de iniciación se llama Navazote, que se realiza entre los siete y quince años de edad. “Nava” significa nuevo y “Zaotar”, devoto. El iniciado o iniciada se viste con una camisa blanca sagrada o Sudrah (que simboliza la Mente Benevolente y está hecha de puro algodón), y la faja sagrada o Kusti de lana de cordero, que simboliza inocencia y gentileza. La faja está tejida con 72 hilos de lana, correspondientes a los 72 capítulos del Yasna. Es atada alrededor del iniciado con tres vueltas, que simbolizan la tríada de buenos pensamientos, palabras y acciones.  


El iniciado repite una oración llamada Ahuna Vairya o Ahunavar. Es la plegaria madre del Zoroastrismo, y representa la doctrina de la religión:

“Tal como el Gobernante del Universo es Absoluto en Su voluntad,
así es el supremo Maestro a través de su Rectitud.
Quienquiera que dedique sus buenas acciones a Dios
recibirá el don de una Mente Pura,
Quienquiera que ayude y proteja al necesitado,
recibirá el Poder y la Fuerza de Dios."


Diccionario del Zoroastrismo

Ahuna-Vairya: Plegaria sagrada.
Ahura Mazda: Dios.
Amesha-spenta: Sagrados inmortales. Pasos o dones en el camino espiritual. Aspectos de Dios.
Aryanamvaejo: nombre del antiguo Irán, que significa “Entrada de los Arios”.
Asha: Principio ordenador de la realidad. Rectitud; adhesión a la verdad en pensamiento, palabra y acción.
Atar: Fuego, hijo de Ahura Mazda.
Atash-Behram: Fuego Sagrado.
Avesta: Lengua del Zoroastrismo. Sagradas Escrituras.
Gazas (Gathas): Himnos sagrados de Zaratustra.
Khordad Sal: Nacimiento de Zaratustra.
Kusti: Faja sagrada.
Mazdayasnidin: Nombre de la religión que significa “Adorar a Dios”.
Nasks: 21 volúmenes de las enseñanzas de Zaratustra.
Navazote: Rito de Iniciación.
Pahalvi: Traducción tardía y distorsionada de las escrituras sagradas del Zoroastrismo.
Parsi: Zoroastriano de India (persa).
Pateti: Año Nuevo Parsi.
Sudrah: Camisa blanca sagrada.
Ushtana: Fuego del sol.
Yasna: Parte principal del Avesta de 72 capítulos, incluye los Gazas.
Zaratustra: Nombre del profeta, también llamado Zoroastro por los griegos.


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Extraído de:  http://www.h2hlatino.org/articulos.php?id=76
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