miércoles, 29 de abril de 2015

El pibe y los No - Nicolás Rigaudi


FELIZ DÍA VIEJO, y en tu nombre a todos los padres que luchan con amor.
Comparto algo que le escribí hace unos años al viejo.

El pibe y los No

El pibe no sabe de No, o mejor dicho, si sabe, los conoce a fondo, tanto que ya no vé los No, está inmerso en ellos, y navega, o surfea, dentro de esa gran ola que son los No. Por eso sus ejercicios, su movimiento, su respiración es el Si.

El pibe fue, es y sigue siendo pibe. En un momento dado de su historia empezó su Historia, rompió los vasos y se compró unos pantalones largos. El pibe fue adulto, y siguió siendo pibe. Hasta por debajo de los largos lleva puesto los cortos, y siempre en alto, su sueño de rodillas peladas, de tanto jugar a la bolita, pero no, nuevamente No, le tocó ser obrero en una fábrica de neumáticos.

Para el pibe un “seguí participando” no es mala noticia, sino su objetivo diario. En un mundo de malezas, donde la continuidad nadie la tiene comprada, el pibe lucha por conseguir un horno, donde hacer vasija con su barro, porque nada más tiene, que su mirada y sus vocablos. Entonces continuó vendiendo los vasos sanos, al doble de precio, para recuperar, el sueño de continuar.

Un tango, eso es también el pibe, aunque no le gustan los tangos, sino los boleros. Y lleva serena una mirada además enigmática, que enciende y atrapa, esa es su mayor arma. El pibe te mira, y transforma los No en Si, así va por los caminos, mutando los barrotes en flores, el pibe, que es también un alquimista.

Y si le preguntan por la piedra filosofal, el pibe se larga a conversar, conocedor de los intersticios, las grietas del lenguaje, el pibe derrama su magia que no es mas ni menos que su sangre, porque si algo le sobra es sinceridad para hablar, y contar su largo camino ascendente, que arrancó cuando decidió no respirar más el plástico, y desde lo más bajo, con las alas aún manchadas de barro, lanzó a volar, chamuyándo, porque él sabe de volar.

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Publicado por Nicolás Rigaudi el 15 de junio de 2014 en Facebook
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10 Principios Espirituales de la Kabbalah




















































































































































































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Extraído del Centro de Kabbalah Internacional en Facebook
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lunes, 27 de abril de 2015

Deseo - Rumi


Un amante sólo conoce la humildad,
no tiene elección.

Él roba en tu callejón de noche,
no tiene elección.

Él anhela besar cada mechón de tus cabellos,
no te preocupes,
no tiene elección.

En su desesperado amor por ti
Él anhela romper las cadenas de su encarcelamiento,
no tiene elección.

Una amante preguntó a su amado:
"¿Te amas a ti mismo más que me amas a mi?"

El amado respondió:
"He muerto para mi mismo y vivo para ti,
he desaparecido de mi mismo y de mis atributos,
estoy presente sólo para ti.

He olvidado todos mis aprendizajes,
pero al conocerte me he convertido en un erudito.

He perdido toda mi fuerza,
pero desde tu poder, soy capaz.

Me amo...Te amo.
Te amo... Me amo."

Yo soy tu amante,
ven a mi lado,
abriré el portal a tu amor.

Ven y permanece conmigo,
déjanos ser vecinos de las estrellas.

Has permanecido oculta tanto tiempo
en una deriva sin fin en el mar de mi amor.

Aún así, siempre has permanecido conectada a mi.
Oculta, revelada, en lo desconocido, en lo no manifiesto.

Soy la vida en sí misma,
tú has sido una prisionera de un pequeño estanque,
Yo soy el Océano y su turbulencia inunda.
Ven a fundirte conmigo.

Deja este mundo de ignorancia
Permanece conmigo, abriré el portal de tu amor.

Te deseo más que a la comida o a la bebida.
Mi cuerpo, mis sentidos, mi mente,
hambrientos de tu sabor.

Puedo sentir tu presencia en mi corazón.
Aunque perteneces a todo el mundo,
Espero en silenciosa pasión
un gesto, una mirada tuya.



Traducción: Jesús Márquez Rivera

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Extraído del muro de 
Rumi en Español en Facebook
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domingo, 26 de abril de 2015

Amanecer en el Bosque del Monasterio de las Joyas Intangibles - Paolo Panizzo . Omar Paladini


Amanecía en el Bosque del Monasterio de las Joyas Intangibles para el monje de la llanura. Después de desayunar frugalmente, como tantos otros días, se dirigió hacia la biblioteca.

Ya saliendo del amplio refectorio destinado a las comidas de los monjes, en el camino se cruzo con el monje de la no-dualidad, que sin decir ni buen día, al cruzarle le susurro estas palabras al oído y siguió su camino:

"...Si le preguntan qué hacer, qué prácticas adoptar, cuál modo de vida seguir, responda: "No haga nada, solo sea. En el ser todo acontece naturalmente"...".(1)

Ya en la biblioteca, se dirigió hacia los estantes de los patriarcas, y desenrollando un antiguo manuscrito conservado en hojas de palmera, el sexto patriarca hablo a través de el:

"... La libertad de forma significa el despego de las formas en el medio de las formas.

La libertad de pensamiento significa no tener pensamiento en el medio de los pensamientos.

En cuanto a la libertad de fijación, mientras la naturaleza básica de la humanidad esté en el medio del mundo, con lo bueno y lo malo, lo bello y lo feo, la enemistad y la familiaridad, las palabras y el habla, la ofensa y el ataque, la decepción y el contento,

uno lo considera todo vacío y no piensa en represalias ni desquites, ni piensa acerca de los objetos que los rodea.

Si pensamiento tras pensamiento, pensamientos previos, presentes y subsecuentes, continúan ininterrumpidamente, esto se llama cautiverio, esclavitud, obligación.

Por lo tanto la libertad de fijación es básica...".(2)

Luego de leer esto, el monje de la llanura se quedo unos instantes pensativo: Libertad de forma en el medio de las formas ¿Sera que nuestras creencias, como formas de mentación, modelan todo aquello que pensamos y experimentamos?

¿Sera que las creencias al estar ahí ya antes de que nos ocupemos en pensar operan en nuestro fondo cuando nos ponemos a pensar sobre algo y son para nosotros la realidad misma?

Libertad de pensamiento en el medio de los pensamientos ¿Sera que podemos estar más allá de la engañosa dualidad en que nos sumergen los variables pensamientos que en tropel no dejan de confundirnos?

Pensamientos que se apoyan en otros pensamientos en un aquelarre que muchas veces termina en una torre de babel donde la confusión reina. ¿Sera que somos conscientes de que los signos y símbolos, las palabras y las imágenes, son solo herramientas de nuestra mente para comprender al mundo y comprendernos a nosotros mismos y no una realidad objetiva, sino subjetiva, imaginaria, variable, y temporal?

El mismo sexto patriarca ya nos había advertido que "... La escuela básicamente no tiene argumentos: / Si argumentas, pierdes el sentido del Camino...".(2)


Y libertad de fijación, sería decir no estar pegado, sin distancia, entre el acto y el objeto que se presenta ante mi conciencia en el momento presente. "Por lo tanto la libertad de fijación es básica" dice el guía de los caminos internos.

La puerta de la biblioteca se abrió asomando por ella el monje de la búsqueda incansable.


Acercándose a la mesa, después de un saludo afectuoso, y curioseando en el texto que el monje de la llanura estaba leyendo, dijo: 


-En verdad nunca había pensado sobre lo que dice este texto. Esta frase me parece genial: "La libertad de pensamiento significa no tener pensamiento en el medio de los pensamientos".

Monje de la Llanura: Tomar distancia en principio sería.

Llegar al silencio mental o a estados internos parecidos de los que hablan distintas escuelas, ya es un tema que tiene que ver con prácticas que llevan hacia estados no habituales de conciencia. Pero, bueno, eso tiene que ver con las disciplinas de trabajo interno que cada escuela de autoconocimiento tiene.

Monje de la Búsqueda Incansable: ¿El silencio mental es lo mismo que el Samadhi?

Monje de la Llanura: Según mi criterio no podemos saber con exactitud si el silencio mental es lo mismo que el Samadhi. Lo que sí, Boddidharma, el primer patriarca del buddhismo zen, dice: "... Cuando la mente deja de moverse, penetra en el nirvana. / Nirvana es una mente vacía...".

Monje de la Búsqueda Incansable: Es lo mismo que el Samadhi, ¿no?

Monje de la Llanura: Las distintas formas que distintas escuelas denominan Samadhi, o Nirvana, parecen estar hablando de los mismos estados altos de conciencia. Por ejemplo, los cabalistas hablan de "Kheter".

Monje de la Búsqueda Incansable: Comprendo. Es probable que estén hablando del mismo tipo de experiencias o muy similares.


Dicho esto, los monjes se retiraron hacia sus tareas habituales y cotidianas en el Monasterio de las Joyas Intangibles. Lo tangible también es una joya a la que es conveniente prestarle atención; y en cada acto cotidiano también lo intangible esta presente y nos guía.

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(1) Nisargadatta Maharaj.

(2) Hui Neng, sexto y último patriarca del buddhismo zen.


Imagen: Las Batuecas, Sierra de Francia, provincia de Salamanca, Castilla y León. España.
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Relato elaborado en base a una charla en Facebook entre Paolo Panizzo (el monje de la búsqueda incansable) y Omar Paladini (el monje de la llanura).
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viernes, 24 de abril de 2015

Conciencia y Fuga - Ernesto H. de Casas


El tema nos ofrece dos cuestiones diferentes en principio, pero en realidad se trata de una sola cuestión, ya que la fuga es una situación especial de conciencia, así el tema puede enunciarse mejor: La conciencia en situación de fuga. Sin embargo a fines de exposición, lo abarcaremos separadamente para luego llegar al punto antes mencionado.

__ Conciencia

Obviamente no estamos ante algo fácil de tratar, de todos modos lo intentamos.

Hay quienes se expresan sobre el tema diciendo: “La conciencia se la conoce sólo cuando se la tiene”.

Y no es desacertado desde el punto de mira de la experiencia; en efecto, hay momentos de conciencia de la conciencia, que nos hacen comprender mejor a que nos referimos.

Hay otros que explican que la conciencia es especialmente conciencia-de.

O sea, que no habría conciencia aislada, sino estructurada. Esto también es valedero desde el punto de vista de los objetos y actos de conciencia.

Más fácilmente esto de la conciencia se puede comprender mediante una experiencia cotidiana que suele pasar desapercibida; nos referimos al simple “darse cuenta”, al simple “caer en cuenta” de algo.

Es en esa experiencia que comienza la conciencia.

De aquello que no nos damos cuenta, de aquello que no nos enteramos siquiera, no somos concientes y es ignorado por nosotros, por lo tanto no es parte de nuestra realidad.

Estos actos de “darse cuenta” se estructuran en grupos, en seguidillas, y así van conformando mayores momentos de conciencia, los que a su vez se hacen más superficiales o profundos, dándonos grados de conciencia.

Sin embargo no es especialmente “de lo que nos damos cuenta” lo que nos da la pauta del grado de conciencia, sino la reiteración del “darse cuenta”, del “caer en cuenta” y así mientras más veces caigamos en cuenta, más elementos serán advertidos; pero insistiendo, es en la capacidad de darse cuenta (en momentos y en profundidad) lo que nos dará la pauta de nuestra mayor conciencia.

Siguiendo con la exposición, puede decirse que en el acto del “darse cuenta” empieza la conciencia a ser tangible; luego que al aumentar la frecuencia y el tono, la conciencia se amplía en profundidad y en perspectiva.

Con otros términos, hay una cantidad de actos de conciencia y hay una calidad de los mismos.

A la primera se refiere la “frecuencia” y a la segunda se refiere al “tono”.

Este comienzo de explicación nos ha servido de aproximación al tema.

Ahora surge una pregunta o varias a saber: ¿Cómo se da el acto de “darse cuenta”?; luego, ¿cómo es que uno se da cuenta?, y tercero, ¿desde dónde uno se da cuenta?

El acto de conciencia se da por entrecruzamiento de vivencias mentales.

Estas vivencias son temporales, dinámicas, móviles y con duración.

Así el recordar (una vivencia) se relaciona -en un momento- con el futurizar (otra vivencia) y luego en el presente, el acto de “darse cuenta”.

O sea, que si sólo hubiera una dirección -o futura o pretérita- no habría presente y no surgiría la conciencia en ese momento.

Bajo esta perspectiva, es claro que la conciencia no es estática, sino esencialmente dinámica, temporal, y por ende histórica.

Luego la conciencia se explica con relación a sí misma y no en relación a objetos (temas, elementos, datos, etc...)

Como prueba de ello puede verse que los objetos de conciencia varían por la capacidad de ella y no por la acción de los objetos.

Veamos un ejemplo: alguien mira un árbol; luego desde la conciencia surge un acto para acoger a ese “objeto” (previamente barajado por los sentidos y organizado por la percepción).

Así el árbol “es tomado en cuenta”, somos conciente de ese asunto. Si por lo contrario estamos distraídos y la conciencia futuriza y recuerda no se haría presente el árbol jamás.

Ahora bien, hemos caído en cuenta del árbol, ahora cerramos los ojos e imaginamos el árbol (ya no necesitamos verlo con los ojos).

En ese momento el objeto de conciencia es el mismo árbol, pero... ¡imaginado!

El objeto es ahora imaginario -basado en el dato físico de haberlo visto- y obviamente es de cualidad diferente.

Pero lo que no ha cambiado es la presentación de actos de conciencia dirigidos a objetos (ora físicos, ora imaginarios), y aquí nos detenemos porque podemos seguir más aún en eso de convertir los objetos en otros de diferentes cualidad, porque lo que nosotros sabemos es que a pesar de que los objetos varían enormemente, los actos siempre aparecen permanentemente y tendidos hacia objetos (cualquiera sean);

esta tendencia es también llamada intencionalidad de la conciencia y es el fundamento de quienes explican que la conciencia es básicamente “conciencia-de”.

Entendido ésto se presenta otra situación no menos interesante. Es la siguiente:

de repente un acto de conciencia se transforma en objeto para otro acto; es decir, “me doy cuenta de que me doy cuenta”.

Aquí en ese momento la conciencia ha caído en cuenta de ella misma, se ha hecho conciencia de sí.

Pero en un momento, a medida que estos momentos se estructuran y aumentan, el hecho de que la conciencia caiga en cuenta de ella misma, de su existencia digamos, de que también existe para ella, le permite hacer una serie de variaciones antes imposibles.

Cortando aquí, podemos comprender al “cómo uno se da cuenta”, por ese juego dinámico de actos y objetos que permiten juntarse en un momento dado, produciendo el hecho de advertir, del caer en cuenta.

Y a la pregunta ¿desde dónde?, la podemos responder con la misma mecánica descubierta: Uno “se da cuenta” desde otro acto mental.

Ese otro acto, es temporalmente distinto, es como si dijéramos “uno se da cuenta desde otro momento de conciencia” y aquí el tiempo, la temporalidad dentro de la propia mente adquiere un muy importante aspecto.

Retomando aquello de la conciencia de sí, vemos que es una simpleza, que es el hecho de que la conciencia cae en cuenta de ella misma como otro objeto, es decir:

“es objeto de sí misma”, aquí adquiere relieve el vocablo auto-conciencia. Es en este momento que la mencionada capacidad de conciencia puede comprenderse más adecuadamente.

Todo este rodeo nos ha permitido entender que la conciencia tiene capacidad de autonomía, no depende de los objetos, sino que puede ser objeto de sí misma.

Pero siempre tendrá objetos, ya físicos, imaginarios o en general representaciones. Sin embargo este “siempre” señalado queda en suspenso para las llamadas “situaciones elevadas de conciencia”.

Ahora bien, la conciencia descubierta por sí misma, es tan tema de investigación como cualquier otro. Así aparecen dos “zonas” bien distintas:

Lo que la conciencia es en sí misma, y todo aquello que es para la conciencia.

Estas cuestiones se dan separadas, pero tienen que ver entre sí, y por ello se estructuran; así que “mundo” (lo que la conciencia no es) se estructura con la conciencia (lo que ella es en sí misma).

A pesar de que todo lo expuesto es una complicación, importa llegar a este punto en que la conciencia se estructura con el mundo, porque es en este precisísimo ángulo donde surgirá la fuga, desbaratando (o tratando al menos) la estructura descubierta.

Así, la conciencia en situación de fuga es la intentona de romper la estructura mundo-conciencia.

Y aquí, en la partida, se ahoga el intento: no se puede romper la estructura mundo-conciencia sin romper la conciencia.

Porque si se rompe el mundo (aunque difícil) la conciencia continúa, y si se rompe la conciencia el mundo continúa (aunque no para esa conciencia, pero sí para otras).

Esto es grave porque la fuga llevará indiscutiblemente, indudablemente, a un proceso de destrucción, que en el caso del hombre consigo mismo será auto-destrucción, y en el caso de proyectarse, es destrucción del mundo, y siguiendo con ésto llegaremos a algo aparentemente insólito:

la fuga en principio es la base de la violencia.


__ Fuga

Si lo antes dicho es aproximadamente correcto, la fuga actuará en el punto de relación de la conciencia con el mundo. Esto se podrá hacer a partir de la intencionalidad de la conciencia que es con lo que se conecta.

Así, la intencionalidad de la conciencia fugada adquiere una modalidad típica, característica de la fuga. Esta característica típica no es otra que la deformación tendenciosa de la estructura conciencia-mundo. Y es una deformación intencional; porque es la conciencia fugada quien lanza una intencionalidad de distorsión, y así se estructura todo un mundo en intención-de-fuga.

O sea, que uno no se fuga de algo en especial, sino directamente se fuga en general, se fuga totalmente.

Es la estructura “yo y circunstancia” la que es objeto de fuga. Y como salta a la vista estamos en una situación imposible, en una situación que no va ni viene, en una situación en que el cazador ha caído en su propia trampa: la conciencia y el yo están atrapados.

De allí, la sensación de un callejón sin salidas, que en otros términos se trata de la falta de futuro. No hay futuro para la conciencia del fugado, ¡pero hay!, es decir, la fuga quiere negar, quiere desentenderse, pero no puede porque siempre hay actos y objetos de conciencia.

Y ¿cómo se produce la conciencia de sí en la fuga?, es pues la conciencia-de-la-fuga y por lo tanto no hay conciencia de sí, sino por el contrario olvido-de-sí, y a veces ni siquiera eso, hay en-conciencia-de-sí.

Seguimos reconociendo que el tema es complicado y que estamos aproximándonos como un equilibrista va por la cuerda, con peligro de caer a cada paso; es decir, con peligro de equivocarnos. Pero siguiendo, tendremos que ver qué elementos ligan a la conciencia fugada, impidiendo su objetivo de efectivo escape.

Los elementos que lo impiden son pues los mismos que participan de la estructura permanente conciencia-mundo. Expliquemos: a los actos de conciencia no se los puede abandonar así como así, ni tampoco a los datos que ingresan a la conciencia.

Pero no es esta sutileza la que el fugado percibe ni mucho menos, sino otras de mayor “densidad”, como es el caso de las sensaciones provenientes del cuerpo. Es por ésto que el caballo de batalla es el cuerpo y la sensación.

Por medio de la sensación la conciencia puede obnubilarse, puede preocuparse de lo que siente, de lo que gusta, toca o mira, y se tratará de llenar de sensaciones para que la conciencia esté ocupada en ello, y así no tenga oportunidad de “caer en cuenta” de sí misma y por ello de la situación.

O sea, el fugado trata de obstaculizar, de tapar la conciencia mediante el exceso de datos sensoriales, lo que como sabemos reditúa en ilusiones y alucinaciones.

Aparecen así en la conciencia contenidos raros que se hacen simbólicos y de “realidad” excesivamente subjetiva. Son ahora los objetos -sensacionales- los que cobran vida propia y poseen a la conciencia. El sujeto se siente “mirado” por los objetos; éstos al ser físicos son utensilios que “cobran vida propia” y se dirigen al sujeto (que tendría que manejarlos) con un lenguaje, con una expresión subjetivísima parcializada y esencialmente deformadora, los que se dirigen al sujeto de un modo hostil, de modo impertinente.

Y qué hace el fugado frente a ese mundo utensilio que viene en avance haca él, ¡hace algo, tiene que hacer algo!, que no es efectivo porque actúa sólo mentalmente, subjetivamente y no directamente de hecho, ya que ese meterse en el mundo es lo que el fugado niega.

Con todo ésto organiza gestos, acciones, actos, que son falsos, que no pueden con el avance del mundo utensilio. A ese acto sin base, hueco, impotente, se lo llama rito.

Será ahora el mundo en versión simbólica el que se estructurara con una conciencia obnubilada por el enrarecimiento de sus contenidos. Y así en el ejemplo del árbol anterior, no es solo un árbol cualquiera, sino que es “muy especial”, tiene “un no se qué”, que actúa, que “habla”, que trasmite; es decir, es un médium, de no se sabe qué pero “algo hace”, “algo pasa”, exclama el fugado en total incomprensión e ignorancia.

Por todo esto que explicamos, por los símbolos mentales y los objetos “cargados” es que se habla de la conciencia mágica. Es mágica porque actúa -trata- sobre el mundo-conciencia y ésto que es estructura, se aparece como síntesis, resultando así que todo es mágico. Todo está teñido de “un no se qué inexplicable”, de “algo impreciso de entender”.

Retomando lo del cuerpo, será éste el que impedirá al fugado hacer un efectivo escape y también será el que reciba los azotes del fugado, terminando en modo sutil o grosero, maltratado, debilitado o enfermizo.

Si el cuerpo es el afectado, la función que será activa en ese caso es la emoción, ya que es a partir de ésta que se puede sintetizar. Será la emoción la función apropiada para canalizar las energías en reversión de la fuga. Así la conciencia se “emociona” (en vez de relacionarse por ejemplo...) y surge la conocida “conciencia emocionada”.

No puede distinguir la conciencia. Actos y objetos están fusionados en una misma identificación. O sea que a la fuga se le suma la identificación y en vez de aliviarse de pesos, la conciencia baja y baja a situaciones cada vez más imposibles.

De entre todos los sentimientos que puede experimentar la emoción será el miedo el más frecuente en la situación que explicamos. Y es por esa identificación, por esa síntesis, que todo se aparece como miedoso. El fugado teme y teme por su debilidad, por su cegazón.


Resumiendo: la conciencia no distingue actos de objetos; se produce la identificación y más se aumenta la distorsión por la presencia de las sensaciones; éstas se agrandan obnubilando la conciencia (así, por ejemplo, un rojo es tan inmenso que impide “ver” que sólo se trata de un punto rojizo en el horizonte).

Es el cuerpo el que inevitablemente unirá al yo con el mundo y por ésto sufrirá; es por ello que el fugado no mete el cuerpo en el mundo, sino que lo saca, huye; es decir, saca el cuerpo del mundo. Estos solo puede hacerlo a medias y mucho menos, desconectar el cuerpo de la conciencia. por eso es que se enfermará, como un intento larvado o evidente de tratarlo de destruir.

Puede verse así (lícito a forma de descripción) o simplemente como concomitancia generalizada. Sacar el cuerpo implica no querer actuar en él efectivamente, no querer comprender científicamente, ni actuar técnicamente.

Como es obvio, ésto tendrá una conducta como resultante, y tendrá efectos sobre el trato con los demás. ¡Empieza entonces el aislamiento! La huida del mundo utensilio se hace ahora huida del mundo humano. Y ésto es muy significativo, porque en soledad no hay comunicación, es decir no hay intersubjetividad.

Más claro, si yo me doy cuenta de mi situación, otro, alguien, puede hacérmelo advertir. Y por supuesto, no será permitido por el fugado que básica, fundamentalmente, no quiere darse cuenta de nada.

Por ésto se aísla, por ésto trata de separar a la conciencia del mundo al aumentar las sensaciones.

Aquí será la droga el elemento idóneo. La droga aumenta esa “sensibilidad”, ese sensacionalismo exagerado, que es desconexión del mundo.

La conducta es definitivamente ritual para degradar el mundo que avanza; y se siente como miedo, como temor, como impotencia de imponerse.

La fuga es un alejarse-de-sí y del mundo. Por ésto los proyectos más imposibles son dos: auto-conciencia y compromiso con el mundo y los demás.

Por ésto, los olvidos, las resignaciones, justificaciones, la inconstancia más la infidelidad, será el repertorio frecuente del fugado que vive de accidente en accidente, de desvío en desvío, es decir, de nulidad en nulidad.

Pero no termina aquí el caso. El fugado en esa grave situación está encarcelado. ¿Cómo es posible?, es posible para este especial fugitivo que lleva a la cárcel consigo.

Porque él no se fuga de algo como dijimos, sino que se fuga en general, constantemente, se fuga de todo. Diferente al fugitivo real, que al huir, la cárcel queda atrás y la libertad adelante.

El fugado encarcelado (vaya paradoja) ahora empieza a esperar, ya ha perdido toda capacidad de hacer, porque “todo le sale mal”, y está demasiado cansado de intentar nuevos embates. Entonces esperará, expectará a “algo” o a “alguien” que lo salve, que lo libre de esa situación que el no quiere abandonar.

En esta expectativa, en este esperar y no hacer, se basa la creencia mágica de que “algo inesperado y maravilloso me sacará de aquí”. Pero el desesperado sigue en situación deshonesta e impondrá “condiciones” para aceptar ser salvado, y el círculo vuelve a cerrarse otra vez. Ahora no sólo está fugado, sino que su dependencia emotiva va en aumento y se hará dependencia directa, cuando el fugado proyecte en algo o en alguien su posibilidad de salvación.

Así, ese algo o alguien es cargado con valores increíbles que son precisamente los que le faltan al fugado. El fugado verá “semidioses” en los hombres capaces y quizás “dioses” en los hombre libres. Estos a su vez le dan miedo, porque denotan lo que el fugado no-es, y por reflejo descubre lo que no-es, y lo que quiere-ser. Pero no podrá romper esa expectativa, esa ilusión...

La expectativa y la inercia son las bases de la conciencia mágica. Porque él cree que algo o alguien lo salvará (y por eso espera), por lo que no debe hacer nada sino esperar (así se queda en la inercia de todo lo que suceda).

Por todo ésto no es difícil ver al fugado quieto, inmóvil, encorvado y huidizo. La expectativa lo hace depender cada vez más y la inercia, la falta de reflejos, le hacen postergarse cada día, cada instante en conciencia fugada.

Todo lo explicado, se presentará diversamente en cada quien y con diversos grados, muy amplios o mínimos en los que la fuga y lo mágico aparecen como exceso o residuo. Pero en todos los casos los elementos que intervienen, los descriptos, aparecen con mayor o menor intensidad.

Así, el miedo será el sentimiento básico; el rito (la acción falsa) será el intento de degradar a lo miedoso. Luego, la expectación por salir de la situación, será la causante del aumento de dependencia, de ese algo o alguien “salvador” que será un fetiche “cargado” con los poderes que le faltan al fugado, ese esperar por la ayuda lo postergará de muchas maneras diferentes, con un ir y venir de accidente en accidente, de nulidad en nulidad.

Llegamos así con alguna certeza a la concepción de la conciencia en situación de fuga.

No vale la pena ya explayarse demasiado. El fugado se olvida de sí mismo, por lo tanto no reconoce lo que sucede. Así se encadena cada vez más. Eslabón tras eslabón irá sumando a su cadena gritando por fin su propia no-libertad.

En otras palabras, la fuga es el camino de la no liberación (porque aumenta en dependencia de todo aquello que se fuga).

Será pues el acto de re-conocimiento, de aceptarse tal cual es frente a sus propios ojos y ante los demás; el único acto que podrá sacarlo de su cárcel singular. Esto es, algo completamente opuesto a lo que el fugado espera.

Recordemos que él espera algo externo, de los demás, del ambiente, ¡pero menos de sí mismo! Así que quien quiere ayudar al fugado, tendrá como única preocupación ayudarle a caer en cuenta de sí mismo, a que se re-conozca, porque se des-conoce (esto de conocer, es algo que el fugado no podrá lograr jamás), porque el conocer y ser conciente, son concomitancias inseparables. Y mucho (menos) más el autoconocer y la autoconciencia.

Más específicamente decir no-liberación, caer el las zonas bajas de conciencia, es decir, caer en el ensueño, en el hipersueño. Aquí, la autocrítica se va haciendo nula, la perdida de perspectiva máxima, la noción del yo y el aislamiento, tiende a hacerse inmenso. Decir que se afianza el ensueño, implica también que las energías regresarán a los centros inferiores y se quedará en el sistema somático, fijándose y por ende desbordando.

Por ésto es que la base orgánica se dañará por tensiones energéticas mal invertidas (hablamos de energía síquica). Aquí el fugado fijará su ámbito, de repente comenzará a bostezar y se nos quedará durmiendo. Pero no será suficiente dormir o bostezar, llorar o gritar, o usar cualquier otro rito cuando la hostilidad del mundo-conciencia se hace insoportable; vendrá pues el desmayo: “Pérdida de conciencia”. Cuando ésto no resulte vendrá la búsqueda de la muerte (negación última de la realidad mundo-conciencia); esta búsqueda se hará por accidente o por suicidio.


__ Resumiendo, la situación de la conciencia en fuga es un camino descendente donde la obnubilación y el olvido de sí son las constantes. La conducta ritual, la espera y la inercia en la dependencia emotiva, sus concomitancias. Y finalmente, la no-libertad será inevitablemente su resultado.

La fuga implica la conciencia mágica y emocionada, e implica también en la caída en el ensueño hacia el sueño profundo, que más tarde se hace locura o muerte, y cuando menos, estupidez.

Es así que el acto de reconocimiento-de-la-situación, es el comienzo de una elevación y de salida efectiva del caso descripto.

Ojalá quiera el fugado salir de allí, del pozo de su cegazón, porque entonces hay salida y hay solución; si no quiere, si no reconoce, bien poco podemos hacer nosotros y él.


__ Fuga Social y Cultural

La versión social y cultural, no nos presentará un panorama más halagüeño que el descripto a nivel personal.

El bloque social realiza una fuga en masa e instala la situación de fuga en el ambiente, tiñendo así toda la actividad, todo mensaje, todo quehacer. No será difícil encontrar los signos de la fuga en una sociedad como la actual.

Los fetiches (objetos recargados de significación) serán los últimos avances técnicos; los ritos serán los más antiguos y la conciencia mágica queda en la base de toda conducta.

Como pudimos ver, la fuga es una regresión de energía síquicas llevándonos a fases retrogradas. Así veremos como la actitud básica será de cerrazón, de cerrarse e incomunicarse.

La actitud abierta de amplitud hacia los demás y hacia todos, es antítesis para el fugado quien trata de enfrascarse en sus propios círculos viciosos, presentándose en sobrevivencia como oscura y sin salida; el caos, es su correlato social. Pero no queda aquí el caso, sino que la gente tenderá hacia la superstición, hacia la falsa religiosidad con su correspondiente ritualización irracional.

La superchería en general hace acólitos y desde las cosas insignificantes hasta las más valiosas, son miradas y teñidas con ese tono supersticioso que no es prehistórico, sino actualizado y no necesariamente primitivo.

No será ahora “un rayo del cielo”, ni extraños “tótems”, sino aparatos corrientes los ritualizados, hechos asiduos serán los ritos y los resultados los mismos. Como se distingue, la temática nos lleva muy lejos en sus posibilidades, pero la dejaremos en sus implicancias culturales.

No ha de suponerse que la situación de fuga impide al hombre crear y organizar un tipo de pensamiento coherente dentro de sus propios límites. Será ahora pues toda una valoración, una manera de elaborar, de interpretar todo lo presente, la que se impondrá a modo de valor cultural con sus correspondientes creencias. Estas darán una predicación a la conciencia normal, para realizar toda elaboración. Surgen así corrientes artística y científicas encausando a los fugados en esas impresionantes corrientes desviatorias que sus estragos son evidentes de ponderar.

La fuga es la caída de la conciencia; su elaboración es básicamente degradadora de significado y así el “actor” o el “artista” o el “intelectual” son los mejores adalides para toda una masa que requiere de líderes, de ídolos en todos los órdenes.

Tanto en lo político o religioso y en lo cultural generalizado, los líderes que se impondrán son quienes mejor sepan encausar la superstición del momento. El rito, el fetiche y el credo que se imponga, serán los que más óptimamente aglutinen a las corrientes desviatorias.

Detrás de toda expresión con auge en el mundo oficial, hay que encontrar la común situación de fuga, de allí puede colegirse que todo lo que tiene “éxito” no es otra cosa que un núcleo aglutinador de la fuga encadenante.

Y no puede ser de otro modo, porque si así fuera, actuaría en contra de la fuga y a favor de la concientización de las gentes.

¿Y cómo se va a permitir que salgan al sol los trapos de todo un mundo y una sociedad encaminada en un escape sin control?, difícilmente a decir verdad.

Por todo ésto y por todo lo que pueda seguirse agregando, es que todo amigo de la liberación tiene que usar el sentido crítico y autocrítico, desentrañando que hay más allá de todo lo que reluce y existe en nuestros días.

Todo lo “tentador”, lo sensacionalista, es una entrada a la superstición con sus ritos y fetiches; es decir, que detrás está sin duda el vacío doloroso, la inconciencia, la nadidad.

No deberemos creer demasiado en todo lo que nos llega; el fugado es también un crédulo exagerado que asimila los prestigios de moda, los valores huérfanos de toda veracidad.

Todo verdadero creador, no escatima en esfuerzos para deshacerse definitivamente del tono mágico que cobija todo lo presente y mucho menos ahorrará intentos en sacar de sí mismo la conciencia emocionada que puede quedar en los mejores casos como un residuo casi velado.

En la espera, en el olvido de sí, en todas las resistencias hacia una nueva visión, está la fuga presente. En la expectación excesiva, en el aferrarse a esquemas rígidos, en la mistificación, en la sobrevaloración de personas u objetos, ya sean utensilios o abstractos. 

En todo victoreo a una ideología; en todo apasionamiento irracional, está la fuga acicateando.

Allí donde la luz no penetra, donde la inteligencia se obnubila, y la dependencia emotiva sobrepasa, sigue estando presente la conciencia mágica. 

Aún cuando nuestras reflexiones aumenten, puede volver el ciclo de los oscurantismos y de los encerramientos.

Aún cuando las ilusiones se desvanezcan y el fracaso se presienta, el centro de gravedad puede seguir transferido y la expectativa hipnotizante puede sobrevenirnos nuevamente. 

Aún una tarea esforzada puede ser la pantalla de un escape subterráneo.

Y finalmente, allí donde no se busca intencionadamente la conciencia de sí, allí en donde no se insiste en afirmarla y extenderla, continúa la obnubilación mental.

Ernesto H de Casas – Madrid 1980


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Imagen extraída de la WEB y editada.
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 Nombre del autor del texto, Ernesto H. de Casas, actualizado el día 9 de Febrero de 2014 a las 22:10 Hs., ya que este texto circulo durante muchos años en copia mecanografiada como de autor anónimo.


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El mismo texto en versión ampliada: Conciencia y Mundo en Fuga - Ernesto H. de Casas
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