jueves, 20 de julio de 2017

Cuentos alquímicos


Casi todos los cuentos que aquí se presentan no fueron concebidos como tales sino que son fragmentos de distintos tratados alquímicos, sin embargo, su modo de contar las metamorfosis de la materia filosófica recuerda la narración de los cuentos tradicionales.

Los cuentos que vienen a continuación no se  concibieron como unas historias completas en sí mismas, sino que todos ellos, menos uno que es actual, forman parte de distintos tratados de alquimia tradicionales. 

Sus autores eran filósofos por el fuego que se preocupaban poco por el estilo de sus escritos, pues lo que les importaba era aludir con palabras veladas al misterioso drama que le ocurría a la materia contenida en su matraz. 

Sus temas se refieren de una forma más velada a las operaciones que se suceden en el transcurso de su Gran Obra y por eso hablan de muerte y resurrección, de sacrificios y desmembramientos y de purificación. 

De los colores que aparecen tras el cristal de su atanor. De las metamorfosis de la materia, que ellos enmascaran en forma de extraños animales. 

Todo ello crea un sentimiento de extrañeza en el lector que al poco, si tiene la paciencia de continuar leyendo, se transmuta en una certeza, la de estar ante unas palabras que siendo aparentemente incomprensibles le han puesto en contacto  con un misterio, un mysterium tremendum, que  tiene que ver con su esencia más profunda.

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SELECCIÓN DE CUENTOS
“La visión de Ripley”. Atribuida a Ireneo Filaleteo.
Cierta noche, estando ocupado con mis libros, apareció ante mi confusa mirada la visión que describo aquí.
Vi un sapo rojo que bebía el zumo de unos racimos de uva con gran avidez hasta llegar a sobrecargarse con este licor y reventar. De su cuerpo emponzoñado brotó un veneno mortal; el dolor que sentía hizo que empezara a hincharse todo su cuerpo. Se aproximó a su caverna secreta, repugnante a causa de un sudor infecto, y con los vapores apestosos y humeantes de su aliento infectó toda su guarida. De dichos vapores se formó un humor dorado que, en aquel espacio y después de algún tiempo, empezó a gotear desde lo alto de la bóveda y manchó la tierra con un rocío de color rojizo. Cuando su cuerpo empezó a recobrar las fuerzas, el aliento vital le faltó. Y aquel sapo moribundo se volvió primero parecido al carbón, a causa de su color negro, y sumergido en el diluvio emponzoñado de sus propias venas se estuvo asando durante ochenta días. Intenté eliminar aquel veneno y a tal efecto puse su esqueleto sobre un fuego suave, lo que produjo una cosa sorprendente de ver pero aún más de contar. Aquél sapo fue penetrado por toda clase de colores raros y, cuando aquella diversidad de colores pasó, apareció el blanco. Seguidamente se tiñó de color rojo y permaneció para siempre en este estado. A continuación hice una medicina con el veneno así preparado; con el mismo veneno que mata y que cura a quien se aventura a tomarlo.
Gloria a quien otorga estos secretos, honor y alabanzas eternas con acción de gracias. Así sea.
(Citado por J.J. Mangetus, Bibliotheca Chemica Curiosa)
La serpiente Uroboros. Anónimo
He aquí el misterio: la serpiente Uroboros; es la composición que en su conjunto se devora, se funde, se disuelve y se transforma por la putrefacción. Se vuelve de un verde oscuro y del color del oro a la deriva. De ella proviene el rojo, llamado color del cinabrio. Es el cinabrio de los filósofos. Su vientre y su espalda son de color azafrán, su cabeza, verde oscuro, sus cuatro pies constituyen la tetrasomia, sus tres orejas representan los vapores sublimados.
El Uno proporciona al Otro su sangre; el Uno engendra al Otro. La naturaleza alegra a la naturaleza; la naturaleza encanta a la naturaleza, y no nos referimos a una cierta naturaleza enfrentada a tal otra, sino a una sola y única naturaleza, que procede de sí misma por el procedimiento (alquímico), con grandes penas y esfuerzos. ¡Oh, tu, querido amigo! Aplica tu inteligencia respecto a estas materias y no te equivocarás; al revés, trabaja seriamente y sin negligencia hasta que veas el final (de tu búsqueda)
Una serpiente extendida guarda este templo, quien la doma comienza por sacrificarla después le quita la piel y, tras haber tomado su carne hasta los huesos, construye una grada a la entrada del templo; sitúate encima y encontrarás el objeto buscado. Pues el sacerdote, al principio un hombre de cobre, ha cambiado de color y de naturaleza y se ha convertido en un hombre de plata y, si quieres, pocos días después lo encontrarás cambiado en un hombre de oro.
(Citado por M Berthelot, Collection des anciens alchimistes grecs)
“La visión de Demócrito”. Pseudo Demócrito
Después de recoger las nociones de nuestro maestro y conociendo la diversidad de la materia, nos esforzamos en hacer que concordasen las naturalezas. Pero, al morir nuestro maestro antes de que fuéramos iniciados, mientras aún nos ocupábamos del conocimiento de la materia, se nos dijo que sería necesario intentar evocarlo desde el Hades.
Y yo me esforcé en lograrlo invocándolo directamente mediante estas palabras: ¿Por medio de qué dones, recompensas lo que he hecho por ti? Tras decir estas palabras, guardé silencio. Como lo invoqué repetidas veces y le pregunté cómo podría hacer concordar las naturalezas, me dijo que le era difícil hablar sin el permiso del daimon, por lo que sólo pronunció las siguientes palabras: Los libros están en el Templo.
Al volver al Templo me puse a buscar, por si podía hacerme con la posesión de dichos libros, puesto que no me había hablado de ellos mientras estaba vivo y murió sin haber hecho ninguna disposición testamentaria, pues, según se decía, había tomado un veneno para separar su alma de su cuerpo; o bien, según su hijo, había tomado el veneno por descuido.
Su voluntad antes de morir era la de mostrar sus libros solamente a su hijo cuando éste hubiera llegado a la edad adulta. Ninguno de nosotros sabía nada de dichos libros. Como, tras muchas pesquisas, no encontramos nada, nos esforzamos mucho (por saber) cómo se unían y se confundían las substancias y las naturalezas. Cuando hubimos operado las composiciones de la materia, se celebró una ceremonia en el Templo e hicimos un festín en común.
Entonces, cuando estábamos en la nave, cierta columna se abrió de pronto, pero no vimos nada en su interior, pues ni su hijo, ni nadie, nos había dicho que los libros de su padre estuvieran depositados allí. Pero, él avanzó y nos condujo hasta la columna; nos inclinamos y vimos con sorpresa que nada se nos había escapado excepto esta fórmula preciosa que encontramos dentro: «La naturaleza se alegra en la naturaleza, la naturaleza triunfa sobre la naturaleza, la naturaleza domina a la naturaleza». Fue una gran sorpresa para todos nosotros que en tan pocas palabras hubiera recogido el conjunto de sus escritos.
(Citado por M Berthelot, Collection des anciens alchimistes grecs)
La estatua viva”. Anónimo
Después de tomar la palabra, Ostanés y sus compañeros le dijeron a Cleopatra: En ti se oculta la totalidad del misterio terrible y extraordinario. Dinos como las aguas benditas descienden de lo alto para visitar a los muertos caídos, encadenados, oprimidos en las tinieblas y la obscuridad del Hades.
Entonces, dijo Cleopatra: el espíritu y el alma se alegran de que las tinieblas se hayan alejado del cuerpo, y el alma llama al cuerpo que se ha vuelto luminoso y le dice: “¡Despierta desde el fondo del Hades, resucita fuera de tu tumba, levántate y sal de tus tinieblas! Pues has recibido la espiritualización (pneumatosis), la divinización (theiosis), puesto que la vía de la resurrección ha venido hacia ti y que el filtro de la resurrección ha penetrado en ti.”
Y  los tres se han unido en el amor, el cuerpo, el alma y el espíritu,  y se han vuelto uno, y en este uno está oculto el misterio. Mediante el hecho de su reunión, el misterio se ha cumplido: el templo ha sido marcado con un sello, una estatua se ha levantado llena de luz y de deidad.
(Del “Diálogo de la reina Cleopatra con los filósofos y sus discípulos”. Citado por H. Corbin, Libro de las siete estatuas)
“La parábola del dragón envenenado”. Thomas Vaughan
Soy un dragón envenenado, que está presente en todas partes pero que es tenido por nada; mi agua y mi fuego disuelven y coagulan. De mi cuerpo, extraerás el león verde y el rojo, pero si no me conoces con exactitud, destruirás tus cinco sentidos con mi fuego. Un veneno muy peligroso y muy rápido sale de mis narices, que ha causado la destrucción de muchos. Separa, pues, artificialmente lo espeso de lo sutil, a menos que te complazcas es una extrema pobreza. Te doy las facultades del macho y la hembra y los poderes celestes y terrestres. Los misterios de mi arte deben realizarse con magnanimidad y con un gran coraje, si es que quieres dejar que sobrepase la violencia del fuego en la prueba en la que muchos han perdido sus trabajos y su sustancia. Soy el huevo de la naturaleza, que sólo conocen los sabios, los que son piadosos y modestos, que de mí hacen un pequeño mundo. Fui ordenado, por Dios todopoderoso para los hombres, pero si bien muchos me desean, sólo me doy a muy pocos, a fin de que puedan ayudar a los pobres con mis tesoros, y que no apliquen su espíritu al oro que perece. Los filósofos me llaman “Mercurio”, mi esposo es el oro filosófico. Soy el viejo dragón presente en todas partes sobre la superficie de la tierra. Soy padre y madre, joven y viejo, débil y no obstante muy fuerte, vida y muerte, visible e invisible, duro y blando, que desciende a la tierra y se eleva a los cielos, altísimo y bajísimo, ligero y pesado. En mí, el orden de la naturaleza a menudo se invierte en color, número, peso y medida. Tengo en mí la luz de la Naturaleza. Soy oscuro y brillante, surjo de la tierra, vengo del cielo, soy muy conocido, y no obstante soy una simple nada. Todos los colores, todos los metales brillan en mí por los rayos del sol. Soy el carbunclo del sol, una tierra noble y clarificada mediante la cual podrás cambiar el cobre, el hierro, el estaño y el plomo en oro muy puro.
(Oeuvres complètes)
“La extraña historia de un león verde” R. Arola y L Vert
En primer lugar quisiera disculparme por presentarme yo mismo pero las circunstancias me obligan a ello: soy el león verde y lo que más me gusta es devorar al ardiente Sol. Si me he decidido a dar este paso es porque desde hace mucho tiempo no tengo amigos y, lo que es más terrible, en la actualidad apenas me quedan conocidos. La indiferencia de los filósofos, la ignorancia de los artistas, la arrogancia de los científicos, la mediocridad de los difusores de las ciencias ocultas y el fanatismo de los religiosos me han encerrado en una jaula apartada del devenir del mundo. Angustiado y solo, he decidido aprovechar estas páginas para dar fe de mi existencia. Aquí concluye mi pretensión, no quiero reivindicar mi utilidad, ni siquiera reanimar la búsqueda de que la era objeto en la antigüedad, pues aunque mi naturaleza sea profundamente orgullosa e iracunda, el olvido en el que he caído me obliga a ser humilde. Pero no puedo dejar pasar la ocasión que me brinda este cuento mágico para presentarme a quien tenga a bien leerlo.
Procedo de un antiguo linaje pues la primera constancia de mi existencia la dio un eremita cristiano conocido como Morieno, que vivió en Siria a finales del siglo séptimo. En la soledad de su retiro alcanzó a conocer la raíz del cielo y la tierra y logró realizar la Piedra filosofal. A nadie explicó su saber salvo a un rey omeya, Jâlid ibn Mu’awiyya era su nombre, aunque en Occidente lo llamaron Calid. Precisamente nací durante el diálogo entre el eremita y el rey. El sabio solitario enseñaba al rey la manera de hacer la Piedra filosofal por medio de extrañas imágenes que, a modo de alegorías, describían las operaciones del arte. Fue en una de ellas cuando apareció mi nombre: “Toma el humo blanco y el león verde, la almagra roja y la inmundicia. Disuelve todas estas cosas y sublímalas, y después únelas de tal manera que en cada parte del león verde haya tres partes de la inmundicia del muerto…”. Ante la extraña explicación que dio lugar a mi nacimiento, la mayoría de los humanos han creído que no existo, que sólo soy un símbolo, pero, ¿cómo no voy a existir, si formo parte del hombre?
Debo decir que hubo un tiempo en el que las mentes más privilegiadas creían en mi existencia y emprendían mi búsqueda con el deseo de conocerme. Los que lo lograron, hablaron de mí, e incluso me hicieron retratos, el primero fue en blanco y negro y se grabó en el siglo dieciséis para ilustrar un célebre libro de alquimia atribuido a Arnau de Vilanova. Se llamaba El Rosario de los filósofos. Junto al dibujo se podía leer el lema siguiente: “Soy aquel que fue el león verde y dorado: en mí está encerrado todo el secreto del arte”. Al darse a conocer mi imagen empezó mi fama. Filósofos, médicos, matemáticos, pastores, místicos, poetas, políticos me reconocieron y solicitaron… Durante casi un siglo se habló de mí, y aunque pudiera parecer extraño, todos me alababan y buscaban mi compañía. Pero con el tiempo, los hombres cultos comenzaron a no ponerse de acuerdo sobre mi identidad. Algunos me defendieron, otros me atacaron maliciosamente, y al final me olvidaron, o como mucho utilizaron mi nombre para designar un ideal, una metáfora de algo imposible.
Cuando conocí el éxito, me deje querer. Mi vanidad se sentía recompensada. Pero cuando pasó, rugí desaforadamente y procuré demostrar mi existencia, pero ¿cómo se puede mostrar lo que es evidente? Lo que está más cerca de la mirada es lo que menos se ve. Mis intentos se contaron por fracasos y mi nombre se utilizó fraudulentamente para designar no sé qué tipo de sal química. Desesperado, intenté hacerme notar a los místicos y más de uno llegó a contemplarme, pero me negaron, quizá porque les di miedo. Todos ellos siguieron buscando a su Dios en el cielo sin considerar el Sol terrestre que brillaba en mis entrañas.
Más tarde, fueron los artistas quienes intuyeron mi presencia, a alguno me manifesté abiertamente, pero, como ya nadie sabía cómo debía ser tratado ni recordaban mis modos de mostrarme al mundo, no me reconocieron, confundiéndome con un trance creativo.
Lo he dicho al comienzo, no pretendo reivindicar mi fama, ni que nadie conozca mi naturaleza, pero… ¡admitir que no existo y que soy un mero símbolo, me parece excesivo! Soy el león verde, el metal de Hermes Trismegisto, el mercurio filosófico, la sangre de la Piedra filosofal, el viento que sopla en el corazón de los elegidos.
(Pequeñas alegrías)
“Wei Po-Yang”. De un antiguo tratado alquímico chino titulado “Tsan Tung Chi”
Wei Po-Yang fue hacia la montaña para preparar unas medicinas eficaces. Se llevó a tres discípulos, pero creía que dos de ellos no tenían una fe completa en él. Una vez hecha la medicina, les puso a prueba. Les dijo: “La medicina del oro ya está hecha, pero hay que probarla en un perro. Si el perro la soporta sin ningún daño, entonces podremos tomarla; pero si muere, entonces tendremos que renunciar a ella”. Po-Yang había traído con él un perro blanco. Sólo con que la medicina no hubiera estado tratada el número de veces requeridas o que la mezcla harmoniosa de sus elementos no hubiera alcanzado el nivel necesario, contendría un poco de veneno y provocaría una muerte temporal. Po-Yang dio la medicina al perro, que murió allí mismo. Entonces dijo: “La medicina no está lista aún. El perro ha muerto. ¿Nos muestra esto que la luz divina no ha sido alcanzada? Si la tomamos, me temo que nos ocurrirá lo mismo que al perro. ¿Qué hacemos?” Sus discípulos le preguntaron: “¿La tomareis vos mismo, señor?” Po-Yang replicó: “He abandonado las vías de este mundo y he abandonado mi casa para venir hasta aquí. Me avergonzaría el volver sin haber alcanzado el hsien (la inmortalidad). Vivir sin tomar la medicina sería exactamente como morir al tomarla. Tengo que tomarla” Después de estas palabras, puso la medicina en su boca y murió allí mismo.
Al ver esto, uno de sus discípulos dijo: “Nuestro maestro no era una persona ordinaria. Ha tomado la medicina y ha muerto. Tiene que haber obrado así con una intención secreta”. Este discípulo tomó también la medicina y murió. Entonces los dos otros discípulos se dijeron: “Si se hace la medicina es para tratar de obtener la longevidad. He aquí que la medicina provoca la muerte. Vale más no tomarla y vivir algunas décadas más”. Los dos juntos se alejaron de la montaña sin tomar la medicina, con la intención de procurarse lo necesario para enterrar a su maestro y a su condiscípulo. Cuando los dos discípulos se hubieron marchado, Po-Yang resucitó. Puso en la boca de su discípulo y en la del perro un poco de medicina bien preparada. Y en pocos instantes los dos volvieron a la vida. Después, con su discípulo, llamado Yu, y el perro, siguió el camino de los inmortales. Por medio de un carnicero que encontraron, enviaron una carta de agradecimiento a los dos discípulos, que se llenaron de remordimientos al leerla.
(Citado por J. Rebotier- J.M. Agasse, Alchimie, contes et legendes)
“La montaña mágica”. Thomas Vaughan
Existe una montaña situada en medio de la tierra, o centro del mundo, que, al mismo tiempo, es pequeña y grande. Es blanda y dura y pétrea más allá de toda medida. Está alejada y, sin embargo, está al alcance de la mano, pero, debido a la Providencia de Dios, es invisible. En ella se hallan escondidos los mayores tesoros que el mundo es capaz de valorar. 

Esta montaña, a causa de la envidia del diablo, siempre opuesto a la gloria de Dios y a la felicidad del hombre, se encuentra rodeada de bestias muy crueles y otras aves rapaces que hacen el camino difícil y peligroso. 

Y por esta razón, hasta el día de hoy, porque los tiempos no han llegado aún, el camino que allí conduce no ha podido ser imaginado ni encontrado. 

Pero ahora, al fin, el camino será hallado por aquellos que sean dignos de él, además de por el trabajo y el propio esfuerzo de cada hombre. Iréis hacia esta montaña, cuando aquello viene, en el curso de cierta noche muy larga y muy oscura. 

Cuidad de haberos preparado por la oración. Insistid para conocer el camino que conduce a la montaña, pero no preguntéis a nadie dónde se encuentra. Seguid únicamente a vuestro Guía, que se presentará a vosotros y vendrá a encontraros en el curso del camino. 

Pero vosotros no le conoceréis. Este Guía os conducirá a la montaña a medianoche, cuando todo está en silencio y oscuridad. Es necesario que os arméis de un valor decidido y heroico, sin lo cual tendréis miedo de las cosas que ocurrirán y caeréis hacia atrás. No necesitaréis ni espada ni otra arma corporal. Tan sólo pedidle a Dios su ayuda, sinceramente y de corazón. 

Cuando hayáis descubierto la montaña, he aquí el primer milagro que aparecerá. Un viento muy impetuoso y muy grande sacudirá la montaña y hará estallar las rocas a pedazos. También estaréis rodeados de leones, de dragones y de otras bestias terribles. 

Pero no tengáis miedo de todas estas cosas. Sed resueltos y cuidad de no volveros atrás, porque vuestro Guía, que os ha conducido hasta allí, no permitirá que ningún mal os alcance. 

En cuanto al tesoro, no está aún descubierto, aunque esté muy cerca. Después de este viento, vendrá un temblor de tierra que derribará todo lo que el viento había dejado y lo allanará todo. 

Pero estad seguros de que no seréis derribados. Después del temblor de tierra, seguirá un fuego que consumirá toda la mugre de la tierra y descubrirá el tesoro. 

Pero no podréis verlo aún. Después de todas estas cosas y cerca del alba, habrá una gran calma, veréis como se levanta la estrella de la mañana, la aurora se os aparecerá y percibiréis un gran tesoro. 

Lo más importante y perfecto que contiene es cierta tintura exaltada, por medio de la cual, si se ha servido a Dios y si se es digno de tal don, el mundo puede ser teñido y transformado en el oro más puro.
Esta tintura, empleada según la instrucción de vuestro Guía, os hará jóvenes si sois viejos y no tendréis ya mal alguno en ninguna parte de vuestros cuerpos. 

Con la ayuda de esta tintura también encontraréis perlas de una excelencia inimaginable. 

Pero no os atribuyáis nada de vuestros poderes presentes, contentaos solamente con lo que vuestro Guía os comunicará. 

Alabad a Dios perpetuamente por éste, su don, y cuidad de no usarlo para gozos mundanos; empleadlo en trabajos que sean contrarios al mundo. Usadlo rectamente y gozad de él como si no lo tuvierais. 

Llevad una vida templada, sin pecado, de otro modo vuestro Guía os abandonará y seréis privados de esta felicidad. 

Sabed esto en verdad: aquél que haya abusado de la tintura y no viva de un modo ejemplar, con pureza y devoción ante los hombres, perderá este beneficio y no le quedará ninguna esperanza de encontrarlo de nuevo. 

He aquí la descripción que nos han hecho de la montaña de Dios, el Horeb místico y filosófico que no es nada más que la parte más elevada y más pura de la tierra.
(Oeuvres complètes)

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Extraído de: http://www.arsgravis.com/?p=7731
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domingo, 9 de julio de 2017

Tratado de la Unidad - Ibn 'Arabî


Tratado de la Unidad (risalatul ahadiyah) - Muhyi-d-din Ibn 'Arabî
Traducción de Roberto Pla según la edición francesa aparecida en la revista "Être", 
primer trimestre de 1977, traducida del árabe por Abdul-Hadi. Málaga, Ed. Sirio, 1987.
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¡En el nombre de Allâh, el Clemente, el Misericordioso! ¡Nosotros imploramos su ayuda!

¡Gloria a Allâh, ante cuya Unidad no hay nada anterior, si no es Él, que es el Primero! ¡Gloria a Allâh, después de cuya Singularidad no hay un después, si no es Él, que es el Siguiente!

Con relación a Él no hay antes, ni después; ni alto ni bajo; ni cerca, ni lejos, ni cómo, ni qué, ni donde, ni estado, ni sucesión de instantes, ni tiempo, ni espacio, ni ser. Él es tal como es. Él es el Único sin necesidad de la Unidad. Él es lo singular sin necesidad de la Singularidad.

Él no está compuesto de nombre, ni de denominado, porque Él es el nombre y el denominado. No hay nombre salvo Él. No hay denominado salvo Él. Por ello se dice que Él es el nombre y el denominado.

Él es el Primero sin anterioridad. Él es el Último sin posterioridad. Él es Evidente sin exterioridad. Él es Oculto sin interioridad. Porque no hay anterior, ni posterior; no hay exterior, ni interior, sino Él.

Es necesario comprender este Misterio para no caer en el error de los que creen en las encarnaciones de la divinidad. Él no está en ninguna cosa y ninguna cosa está en Él. Es preciso conocerle pero no por la ciencia, la inteligencia, la imaginación, la sagacidad, los sentidos, la visión exterior, la visión interior, la comprensión o el razonamiento.

Nadie, salvo Él mismo, puede verle. Nadie, salvo Él mismo, puede asirle. Nadie, salvo Él mismo, puede conocerle. Nadie distinto de Él puede ocultarle. Él se ve y se conoce a Sí mismo. Su velo impenetrable es su propia Unidad. Él mismo es su propio velo. Su velo es su propia existencia. Su Unicidad le vela de forma inexplicable.

Nadie le ha visto, le ve, o podrá verle jamás. Ningún profeta enviado ni ningún santo perfecto o ángel se le aproxima. Su Profeta es Él. Su mensajero es Él. Su mensaje es Él. Su Palabra es Él. Él ha mandado su Ipseidad con Él mismo, de Él mismo y hacia Él mismo, sin ningún intermediario o causalidad exterior a Él mismo. Ninguna diferencia de tiempo, espacio o naturaleza hay entre El que envía el mensaje, el mensaje y el destinatario del mensaje.

Su existencia está únicamente en los textos de la profecía. Sin embargo, sólo Él existe y no puede dejar de existir puesto que jamás vino a la existencia. Por eso ha dicho el Profeta: "Quien se conoce a sí mismo conoce a su Señor". También ha dicho: "Yo conozco a mi Señor, por mi Señor". El Profeta de Allâh ha querido hacerte comprender que tú no eres tú, sino Él: Él y no tú; que Él no cabe en ti y tú no cabes en Él; que Él no sale de ti y tú no sales de Él.

Lo que quiero decir es que tú no eres, o posees tal o cual cualidad, que no existes y que no existirás jamás, ni por ti mismo, ni por Él, en Él o con Él. Tu no puedes cesar de ser, porque no eres. Tú eres Él y Él es tú, sin ninguna dependencia o casualidad. Si alcanzas a reconocer en tu existencia esta cualidad de la nada, entonces conoces a Allâh, En otro caso, no.

La mayor parte de los iniciados dicen que la Gnosis, o Conocimiento de Allâh, viene a continuación de la extinción (fanâ) de la existencia y de la extinción de esta extinción (fanâ el-fanâ'i). Pero esta opinión es falsa, pues parte de un error manifiesto. La Gnosis no exige la extinción de la existencia y la extinción de esta extinción, sencillamente porque las cosas no tienen ninguna existencia y lo que no existe no puede dejar de existir. Decir que una cosa ha dejado de existir, que no existe ya, equivale a afirmar que ha existido, Pero si conoces el ti-mismo, es decir, si puedes concebir que no existes y que, por tanto, no puedes extinguirte jamás, entonces conoces a Allâh. En otro caso, no.

Atribuir la Gnosis a la extinción (fanâ) y a la extinción de la extinción (fanâ el-fanâ'i) es un credo idólatra. Si atribuyes la Gnosis a fanâ y a fanâ el-fanâ'i, pretendes que algo distinto de Allâh puede gozar de existencia. Esto es negarle y entonces eres formalmente culpable de idolatría. El Profeta ha dicho: "Quien se conoce a sí mismo, conoce a su señor". Si se afirma la existencia de algo distinto no se debe hablar de su extinción, porque no se puede hablar de la extinción de aquello que hay que afirmar.

Tu existencia es nada y "nada" no es añadido a alguna cosa, temporal o no. El Profeta ha dicho: "Tú no existes ahora y tampoco existías antes de la creación del mundo". La palabra "ahora" significa, como presente absoluto, la eternidad sin comienzo y sin fin, Pero Allâh es la existencia de la eternidad sin comienzo, y de la eternidad sin fin, tanto como de la preexistencia, Estos tres aspectos de la eternidad son Él, Allâh es la existencia de estos tres aspectos de la eternidad sin que Él deje, por eso, de ser absoluto. Si Él no fuera así, su Soledad no existiría. Él no carecería de compañero. Pero es de necesidad racional, dogmática y teológica que Él no tenga pareja posible. Su pareja sería aquel que existiera por sí mismo y no por la existencia de Allâh, y sería, consecuentemente, un segundo Señor Allâh, lo que es imposible. Allâh no tiene pareja, ni en semejanza ni en equivalencia.

Aquel que ve una cosa con Allâh, de Allâh o en Allâh, haciéndola independiente de Allâh, por su propio Señorío, convierte esta cosa en pareja de Allâh, independiente de Él, por el Señorío. Aquel que pretende que una cosa pueda existir con Allâh -poco importa que esta cosa exista por ella misma o por Él- y que ella misma extingue su existencia, o la extinción de su existencia -un hombre tal, digo yo-, está lejos de tener la menor percepción de conocimiento de sí mismo. Porque aquel que pretende que algo distinto de Él puede existir -poco importa que sea por sí mismo, o por Él o en Él-, que puede desaparecer y extinguirse, que puede extinguirse la extinción también, etc., etc., tal hombre entra en un círculo vicioso. Todo esto es idolatría y nada tiene que ver con la Gnosis. Tal hombre es idólatra y no conoce nada de Allâh, ni de sí mismo.

Si se pregunta por qué medio se llega a conocer el sí-mismo, es decir, el "proprium", el alma, y a conocer a Allâh, la respuesta es: La vía hacia estos dos conocimientos está indicada con estas palabras: "Allâh es y la nada con Él. Él es ahora tal como era". Si alguno dice: "Yo veo mi alma, -mi "proprium", mi mí-mismo- distinta de Allâh y no veo que Allâh sea mi alma", la respuesta es: El Profeta expresa con el término "alma", el "proprium" o "ti-mismo", y no el elemento psíquico de tu existencia particular, que se llama a veces "alma imperiosa", o "aquella que tiende irresistiblemente al mal", o "el alma que reprocha" o "el alma aquietada", etc. El Profeta ha dicho también: "Hazme ver. ¡Oh Allâh!, las cosas tal como son", designando por "las cosas" todo lo que no es Allâh -¡que Él sea exaltado!-.

Con esto el Profeta ha querido decir: "Hazme conocer lo que no eres Tú, a fin de que sepa yo, a fin de que conozca yo, la verdad sobre las cosas, si ellas son Tú, o distintas de Ti. ¿Carecen ellas de comienzo y de fin, o bien han sido creadas y han de desaparecer?". Entonces Allâh le permitió ver que todo lo que no es Él, incluyendo el "sí-mismo" del hombre, no tiene ninguna existencia. Y vio las cosas tal como son: quiero decir que vio que las cosas son la "quididad" de Allâh fuera del tiempo, del espacio y de todo atributo.

El término "las cosas" puede aplicarse al alma, o no importa a qué otra cosa. La existencia del alma y de las cosas se identifican ambas en la idea general de "cosa", por lo que quien conoce su alma, su sí-mismo, conoce al Señor. Aquello que tú crees ser distinto de Allâh, no es sino Allâh, pero tú no lo sabes. Tú Le ves y no sabes que Le ves. Desde el momento en que este misterio haya sido desvelado a tus ojos --que no eres distinto de Allâh-- sabrás cuál es el fin de ti mismo, que no tiene necesidad de anonadarte, que jamás has dejado de ser y que no dejarás jamás de existir..., jamás, como ya lo hemos explicado.

Todos los atributos de Allâh son tus atributos. Verás que tu exterior es el Suyo, que tu interior es el Suyo, que tu comienzo es el Suyo y que tu fin es el Suyo. Y eso, incontestablemente, sin duda alguna. Verás que tus cualidades son las Suyas y que tu naturaleza íntima es la suya. Y eso sin que te conviertas en Él, o que Él se convierta en ti, sin transformación, sin disminución o aumento alguno.

"Todo muerto salva Su Faz", en el exterior y en el interior. Esto quiere decir que no existe nada distinto de Él, que algo distinto de Él no tiene existencia. Por eso lo que parece distinto de Él será necesariamente perdido, pues lo que queda es Su Faz. Dicho de otra manera: Nada hay permanente salvo Su faz.

Un ejemplo: un hombre ignora alguna cosa y después la aprende. Con esto no es su existencia lo que se acaba, sino su ignorancia. Su existencia continúa porque no ha sido canjeada por la de otro. La existencia del sabio no se ha venido a sumar a la del ignorante, ni se ha producido ninguna mezcla de las dos existencias individuales. Sólo la ignorancia ha sido eliminada. No pienses, por tanto, que es necesario acabar con tu existencia, porque entonces te envuelves en tu propia extinción y te conviertes, por así decirlo, en el velo de Allâh. Como este velo es distinto de Allâh, se sigue que algo distinto de Allâh puede vencerle reposando sus miradas en Él, lo que es un error y una grave mentira.

Hemos dicho más arriba que la Unicidad y la Singularidad son los únicos velos de Allâh. Por eso está permitido al "Wâçil", esto es, al que ha alcanzado la Realidad, decir: "Gloria a mi, pues mi excelsitud es grande". Tal "Wâçil" no ha llegado a un grado tan sublime antes de haber visto que sus atributos son los atributos de Allâh, y que su ser íntimo es el ser íntimo de Allâh, sin ninguna transformación de atributos o transustanciación del ser íntimo; sin ninguna entrada en Allâh, o salida de Él. Tal "Wâçil" ve que no se apaga en Allâh, que no persiste con Allâh, que su alma, es decir, su "proprium", no existe del todo, como había existido hasta entonces, pues al apagarse no queda alma, ni existencia salvo la Suya.

El Profeta ha dicho: "No insultéis al Siglo, porque es Allâh". Con estas palabras ha querido decir que la existencia del Siglo es la existencia de Allâh --¡que Él sea glorificado y magnificado!--. Él es demasiado elevado para tener un compañero, un semejante o un equivalente cualquiera. El Profeta dijo, según una tradición: "Allâh dice: Servidor mío: He estado enfermo y no me has visitado. He tenido hambre y no me has dado de comer. Te he pedido limosna y me la has negado". Con esto ha querido decir que Él era el enfermo y el mendicante. Y si el enfermo y el mendicante pueden ser Él, también tú y todas las cosas de la creación, accidentales o sustanciales, pueden ser Él. Cuando se descubre el enigma de un sólo átomo, se puede ver el misterio de toda la creación, tanto interior como exterior.

Verás que no es que Allâh haya creado todas las cosas, sino que tanto en el mundo invisible como en el visible no hay más que Él, porque en ninguno de los dos mundos hay un sólo punto de existencia propia. Verás que Él no es solamente Su Nombre, sino que Él es el nombre y lo que se nombra, así como la existencia de ambos. Verás que no es que Él haya creado todas las cosas de una sola vez, sino que "Él es el Creador Sublime y de todos los días", por la expansión y ocultación de Su existencia y de Sus atributos. Más allá de toda condición inteligible.

"Porque Él es el Primero y el Último, lo Exterior y lo Interior.
Él aparece en Su unidad y se esconde en Su singularidad.
Él es el Primero por Su "perseidad".
Él es el Último por Su eterna permanencia.
Él es la existencia de lo Primero y de lo Último,
de lo Exterior y lo Interior.
Él es Su nombre y lo que es nombrado".

Como su existencia es fatal, lógica y dogmática, igualmente es fatal la no existencia de algo distinto de Él. Lo que imaginamos que es distinto de Él no es en el fondo más que una bi-existencia, pues la existencia de Él significa que no existe una bi-existencia que sería su semejante. No hay nada distinto de Él, porque Él está exento de que lo distinto de Él sea distinto de Él. Aquello que es distinto es también Él, sin ninguna diferencia interior o exterior. Lo que es de este modo posee atributos sin número ni fin.

Lo que es así calificado, posee innumerables atributos. Lo que muere, en el sentido propio de la palabra, se separa de todos los atributos, sean éstos loables o reprensibles. De igual manera, lo que muere, en el sentido figurado, se separa de todos sus atributos, sean éstos loables o reprensibles. Allâh -¡Que Él sea bendito y exaltado!-, está en su lugar en todas las circunstancias. La "naturaleza íntima" de Allâh está en la "naturaleza íntima"; los atributos de Allâh están en sus "atributos". Por eso el Profeta -¡Que Allâh le ayude y salve!- ha dicho: "Morid antes de morir", es decir: "Conoceos a vosotros mismos (vuestra alma, vuestro "propium") antes de morir".

También ha dicho el Profeta: "Allâh dice: mi adorador no cesa de aproximarse a mí por sus obras abundantes hasta que Yo le amo. Y cuando Yo le amo, soy Su oído, Su vista, Su lengua, Su mano, etc...". El Profeta quiere decir: el que aniquila su alma --su "proprium"--, es decir, el que se conoce, ve que toda su existencia es Su existencia. No ve ningún cambio en su "naturaleza íntima" o en sus atributos. No ve ninguna necesidad de que sus atributos se conviertan en los Suyos, porque ha comprendido que su propia "naturaleza íntima" no es él mismo y que hasta entonces había ignorado su "proprium", o sea, lo que Él es verdaderamente, en lo profundo.

Cuando hayas conocido lo que es verdaderamente tu "proprium", te habrás desembarazado de tu dualismo y sabrás que no eres distinto de Allâh. Mientras tengas una existencia independiente, una existencia "distinta de Allâh", no conseguirás apagar, esto es, conocer tu "proprium". Serás un Señor Dios distinto de Él. ¡Que Allâh sea bendito de manera que no haya un Señor Dios distinto de Él!

El interés del conocimiento del "proprium" consiste en que obtienes la certidumbre absoluta de que tu existencia no es ni una realidad ni una "nadidad", sino que tú no eres, no has sido y no serás jamás. Comprenderás claramente el sentido de la fórmula: "No hay Dios si éste no es el Dios" ("Lâ ilaha ill'Allah"), es decir, no hay un Dios distinto de Él, no hay existencia distinta de Él, no hay un "distinto" distinto de Él y no hay Dios si éste no es Él.

Si alguien objeta: "Tú has abolido su Señorío", yo respondo: No he abolido su Señorío, porque Él no cesa de ser un Señor magnificiente, ni cesa de ser adorador magnificado. Él no cesa de ser Creador, ni cesa de ser creado. Él es ahora tal como era. Sus títulos de Creador, o de Señor magnificante, no están condicionados por la existencia de una cosa creada, o de un adorador magnificado. Antes de la creación de las cosas creadas, Él poseía todos sus atributos. Él es ahora tal como era.

No hay ninguna diferencia, en su Unidad, entre la creación y la preexistencia. Su título del Exterior implica la creación de las cosas y su título de lo Oculto o Interior implica la preexistencia. Su interior y Su exterior (Su expansión, Su evidencia) son como Su exterior y Su interior; Su primero y Su último son como Su último y Su primero. El todo es único y lo único es todo. Él es cualificado: "Todos los días está Él en el estado de Creador Sublime; nadie distinto de Él está con Él. Él es ahora tal como era".

En realidad, lo distinto de Él no existe. "Tal como era", eternamente, "todos los días en el estado de Creador Sublime". No hay ninguna cosa con Él y ningún día de creación, como no hay en la preexistencia ninguna cosa, ni ningún día, porque la existencia de las cosas, o su nada, es todo uno. Si no fuera así, Él habría necesitado la creación de alguna cosa nueva que no estuviera comprendida en su Unicidad, lo cual sería absurdo. Su título de Único le hace demasiado glorioso para que una suposición semejante fuera verdadera.

Cuando puedes ver tu "proprium", así cualificado, sin combinar la Existencia Suprema con un Adversario, compañero, equivalente o asociado cualquiera, entonces le conoces tal como es, es decir, le conoces realmente. Por eso el Profeta ha dicho: "Quien se conoce a sí mismo, conoce a su Señor". No ha dicho: "Quien extingue su sí-mismo, su "proprium", conoce a su Señor", porque Él "sabe" y "vive" que ninguna cosa es distinta de Él y por eso dice a continuación que el conocimiento de sí-mismo es la Gnosis, o sea, el Conocimiento de Allâh. Has de conocer lo que es tu "proprium", es decir, tu existencia; has de conocer que en el fondo tú no eres tú, pero tú no lo sabes.

Has de saber que lo que tú llamas tu existencia, no es en realidad ni tu existencia ni tu no existencia. Has de saber que tú no eres existente, ni eres la nada, que no eres distinto de ser existente, ni distinto de la nada. Tu existencia y tu "nadidad" constituyen Su Existencia absoluta, aquella que no puede ni debe discutirse si Es o no Es.

La sustancia de tu ser o de tu nada es Su Existencia. Cuando veas que las cosas no son distintas de tu existencia y de la Suya y cuando puedas ver que la sustancia de Su Ser es tu ser y tu nada en las cosas, sin ver nada que sea con Él o en Él, entonces significa que conoces tu alma, tu "proprium". Cuando se conoce el sí-mismo de tal manera, allí está la Gnosis, el conocimiento de Allâh, más allá de todo error, duda o combinación de algo temporal con la eternidad, sin ver en la eternidad, por ella o junto a ella, otra cosa que la eternidad.

Si alguno pregunta: "¿Cómo se opera la Unión, puesto que afirmas que sólo Él es? Una cosa que es única no puede unirse más que con ella misma". La respuesta es: En realidad, no hay unión ni separación, como no hay alejamiento ni aproximación. Se puede hablar de unión entre dos o más y no cuando se trata de una cosa única. La idea de unión o de llegada comporta necesariamente la existencia de dos cosas al menos, análogas o no. Si son análogas, son semejantes. Si no son análogas, forman oposición. Pero Allâh --¡que Él sea exaltado!-- está exento de toda semejanza, así como de todo rival, contraste u oposición. Lo que se llama ordinariamente "unión", proximidad o alejamiento, no son tales cosas en el sentido propio de la palabra. Hay unión sin unificación, aproximación sin proximidad y alejamiento sin idea alguna de distancia.

Si alguno pregunta: "¿Qué es la fusión sin la fusión, la proximidad sin proximidad o el alejamiento sin alejamiento?". La respuesta es: Quiero decir que en el estado que llamas "proximidad" no eres distinto de Él -¡que Él sea exaltado!-. Tú no eres distinto de Él, pero no conoces tu "proprium"; no sabes que eres Él y no tú. Cuando llegues a Allâh, es decir, cuando te conoces a ti mismo, "sin la literatura acerca del conocimiento", conocerás que eres Él y que no sabrás en adelante si eres Él o no. Cuando el conocimiento te haya llegado, sabrás que has conocido a Allâh por Allâh y no por ti mismo.

Tomemos un ejemplo: Supongamos que no sabes que tu nombre es Mahmûd o que debes ser llamado Mahmûd -porque el verdadero nombre y el que lo lleva son, en realidad, idénticos-. Te imaginas que te llamas Muhammad, mas después de algún tiempo de vivir en el error, terminas por saber que eres Mahmûd y que jamás has sido Muhammad. Tu existencia continua igual, sin verse afectada por el hecho de que el nombre Muhammad ha sido sacado de ti. Lo que ocurre es que has sabido que eres Mahmûd y que jamás fuiste Muhammad. Pero tú no has dejado de ser Muhammad por la extinción de ti mismo, ya que dejar de existir (fanâ) supone la afirmación de una existencia anterior. Mas el que afirma una existencia fuera de Él, le otorga un asociado -¡que Él sea bendito y que Su Nombre sea exaltado!-. En este ejemplo, Mahmûd no ha perdido jamás nada. Muhammad jamás ha "respirado" (nafasa) en Mahmûd, jamás ha entrado en él o salido de él. Igual ocurre con Mahmûd, con relación a Muhammad. Tan pronto como Mahmûd ha conocido que él es Mahmûd y no Muhammad, se ha conocido a sí-mismo, es decir, ha conocido su "proprium" y esto por sí mismo y no por Muhammad. Este último no ha existido jamás y ¿cómo podría informar sobre alguna cosa?

"El que conoce" y "lo que es conocido" son idénticos, e igual ocurre con "el que llega" y "aquel al cual se llega"; "el que ve " y "lo que es visto". Son idénticos, "El que sabe" es Su atributo. "Lo que es sabido" es Su sustancia o "naturaleza íntima". "El que llega" es Su atributo y "aquel que llega" es Su sustancia. Porque la cualidad y el que la posee son idénticos. Tal es la explicación de la fórmula: "Quien se conoce a sí-mismo, conoce a Su Señor". Quien capta los sentidos de esta similitud comprende que no hay unión, fusión o llegada, ni separación; comprende que "el que sabe" es Él y que "el que es sabido" es también Él; que "el que ve" es Él y "lo que es visto" es también Él; que "el que llega" es Él y "aquel al cual se llega" en la unión es también Él. Nadie distinto de Él puede juntarse con Él o llegar a Él. Nadie distinto de Él puede separarse de Él. Aquel que puede comprender esto total y plenamente, está exento de la más grande de las idolatrías.

Muchos de los iniciados que creen conocer su "proprium", así como a Su Señor y que se imaginan escapar así de las ataduras de la existencia, dicen que "la Vía" no es practicable o visible más que por medio de la "extinción de la existencia" y por la "extinción de esta extinción". Dogmatizan así porque no han comprendido la palabra del Profeta -¡"Que Allâh esté sobre Él y le salve!-. Como han querido evitar la idolatría que resulta de la contradicción, han hablado de la "extinción" de la existencia y también de la "extinción de esta extinción" y también de la "destrucción" y de la "desaparición". Pero estas explicaciones caen en la idolatría pura y simple, porque cualquiera que piense que existe algo distinto de Él y que aquello puede apagarse a continuación, o cualquiera que hable de la "extinción de la extinción" de aquella cosa, tal hombre, decimos nosotros, es culpable de idolatría por su afirmación de la existencia presente o pasada de algo distinto de Él. Que Allâh -¡que Su Nombre sea enaltecido!-, les conduzca, y también a nosotros, por el verdadero camino.

Tu piensas que eres,
mas no eres y jamás has existido.
Si fueras, serías el Señor,
el segundo entre dos.
Abandona tal idea,
porque en nada diferís vosotros dos
en cuanto a la existencia.
Él no difiere de ti y tú no difieres de Él;
si por ignorancia piensas que eres
distinto de Él,
quiere decir que tienes una mente
no educada.
Cuando tu ignorancia cesa alcanzas la paz,
porque tu unión es tu separación
y tu separación es tu unión;
tu alejamiento, una aproximación,
y tu aproximación una partida.
Siendo así que te vuelves mejor,
cesa de razonar y comprende
por la Luz de la intuición,
sin la cual te olvidas de Sus rayos.
Guárdate de dar un compañero a Allâh,
porque en tal caso te envileces
con el oprobio de los idólatras.

Si alguno dice: "Pretendes que el conocimiento de tu "proprium" es la Gnosis, es decir, el Conocimiento de Allâh -¡que Su Nombre sea exaltado!-, que el hombre es distinto de Allâh puesto que debe conocer su "proprium". Pero lo que es distinto de Allâh ¿cómo puede conocerle?". La respuesta es: "Quien se conoce a sí mismo, conoce a Su Señor". La existencia de tal hombre no es la suya, ni la de otro, sino la de Allâh, sin la fusión de dos existencias en una, sin que su existencia entre en Allâh, salga de Él, conviva con Él o resida en Él. Pero Él ve su existencia tal como es.

Nada llega a ser que no haya existido antes y nada deja de existir por destrucción o extinción, o extinción de la extinción. La aniquilación de una cosa implica su existencia anterior. Pretender que una cosa existe por sí misma equivale a creer que esta cosa se ha creado a sí misma, que no debe su existencia al poder de Allâh, lo que es absurdo a los ojos y a los oídos de todos.

Debes observar que el conocimiento que posee el que conoce su "proprium", es el conocimiento que Allâh posee de Su "proprium", de sí-mismo, porque Su "proprium" no es distinto de Él. El Profeta -¡que Allâh esté sobre Él y le salve!- ha querido designar por "proprium" la existencia misma. Cualquiera que llegue a ese estado de alma, en su exterior y en su interior, no es distinto de la existencia de Allâh, de la palabra de Allâh; su acción es la de Allâh y su propósito de conocer su "proprium" es el propósito de la Gnosis, es decir, el Conocimiento de Allâh.

Tú abrigas ese propósito, ves sus actos y tu mirada busca un hombre distinto de Allâh, puesto que tú te ves a ti mismo distinto de Allâh. Mas eso proviene de que no posees el conocimiento de tu "proprium". Pero si "el creyente es el espejo del creyente", entonces ese hombre es Él mismo por su sustancia, o por su ojo, es decir, por su mirada. Su sustancia, o su ojo, es la sustancia, o el ojo de Allâh; su mirada es la mirada de Allâh sin especificación ninguna. Ese hombre no es Él según tu visión, tu ciencia, tu opinión, tu fantasía o tu sueño, sino según Su visión, Su ciencia y Su sueño. Si dice: "Yo soy Allâh", escúchale con atención porque no es Él, sino Allâh mismo quien por su boca pronuncia esas palabras: "Yo soy Allâh". Es evidente que no has alcanzado el mismo grado de despertar espiritual que Él. De otro modo, comprenderías su palabra, dirías lo que él y verías lo que él ve.

Resumamos: La existencia de las cosas es Su existencia sin que las cosas sean. No te dejes engañar por la sutilidad o la ambigüedad de las palabras, de forma que imagines que Allâh ha sido creado. Cierto iniciado ha dicho: "El sufí es eterno", mas él ha hablado así después de que todos los Misterios le fueran revelados y todas las dudas o supersticiones dispersadas. Entretanto, este inconmensurable pensamiento sólo puede convenir a aquel cuya alma se ha convertido en más vasta que los dos mundos. En cuanto a aquel cuya alma aún no ha alcanzado tal grandeza, este pensamiento no es adecuado. Porque en verdad, este pensamiento es más grande que el mundo sensible y el suprasensible, tomados los dos conjuntamente.

En fin, sabe que "el que ve" y "el que es visto"; "el que da la existencia" y "el que existe"; "el que conoce" y "el que es conocido"; "el que crea" y "el que es creado"; "el que comprende" y "el que es comprendido", son todos lo mismo. Él ve Su existencia por Su existencia, la conoce por ella misma y la obtiene por ella misma, sin ninguna especificación fuera de las condiciones o normas ordinarias de la comprensión, de la visión o del saber. Como Su existencia está incondicionada, Su visión de Sí-mismo, Su inteligencia de Sí-mismo y su ciencia de Sí-mismo están igualmente no condicionadas.

Si alguno pregunta: "¿Cómo miras lo que es repulsivo o lo que es atrayente? Si ves, por ejemplo, una inmundicia o una carroña, ¿dices que es Allâh?". La respuesta es: Allâh es sublime y puro y no puede ser esas cosas. Nosotros hablamos con el que no ve una carroña como una carroña o una basura como una basura. Hablamos a los videntes y no a los ciegos. El que no se conoce es un ciego de nacimiento y hasta que no se acabe su ceguera, natural o adquirida, no podrá comprender lo que queremos decir. Nuestra conversación es con Allâh, sólo con Allâh y no con los ciegos de nacimiento. El que ha llegado al grado espiritual que es necesario para comprender, sabe muy bien que nada existe fuera de Allâh. Nuestra conversación es con el que busca con firme intención y perfecta sinceridad obtener el conocimiento de su "proprium", el conocimiento de Allâh -¡que Él sea exaltado!-, y que en su corazón guarda en toda su frescura la "forma" que le mueve a preguntar y desear llegar a Allâh. Nuestro discurso no va dirigido a los que no tienen intención ni finalidad alguna.

Si alguno objeta: "Allâh -¡que Él sea bendito y santo!- ha dicho: las miradas no pueden alcanzarle, pero Él alcanza las miradas. Tú dices lo contrario, ¿dónde está entonces la verdad?". La repuesta es: Todo lo que hemos dicho está conforme con la palabra divina: las palabras no pueden alcanzarle, es decir, nadie, ni las palabras de nadie, pueden alcanzarle. Si dices que hay en lo que existe alguien distinto de Él, debes convenir que ese alguien distinto de Él puede alcanzarle. Pero en estas Sus palabras árabes: "las miradas no pueden alcanzarle", advierte Allâh al creyente que no hay nada distinto de Él. Quiero decir que alguien distinto de Él no puede alcanzarle, porque quien le alcanza es Él, Allâh, Él y ningún otro. Sólo Él alcanza y comprende Su verdadera "naturaleza íntima", no otro. Las miradas no le alcanzan porque son estrictamente Su existencia.

A propósito del que dice que las miradas no pueden alcanzarle porque son creadas y lo creado no puede alcanzar lo increado o eterno, nosotros decimos que quien tal dice no conoce aún su "proprium". No hay nada, absolutamente nada; ni miradas ni ninguna otra cosa, que exista fuera de Él, sino que Él comprende Su propia existencia sin que esta comprensión exista en manera alguna.

He conocido a mi Señor por mi Señor, sin confusión, ni duda.

Mi "naturaleza íntima" es la Suya,
realmente, sin falta ni defecto.
Entre nosotros dos no hay tiempo
y en mi alma el mundo oculto se manifiesta.
Después de haber conocido mi alma
sin mezcla ni desorden,
he llegado a la unión con el objeto de mi amor,
sin largas ni cortas distancias.
He recibido las gracias, sin que nadie a mí descienda,
sin reproches ni motivos.
No he destruido mi alma por Su causa,
ni tengo duración temporal que pueda destruirme.

Si alguno pregunta: "Afirmas la existencia de Allâh y niegas la existencia de cualquier otra cosa además de Él: ¿qué son entonces las cosas que vemos?". La respuesta es: estos discursos se dirigen a los que no ven nada además de Allâh. En cuanto a los que ven cosas fuera de Allâh, no tenemos nada con ellos, ni pregunta, ni respuesta, porque la verdad es que, aunque crean otra cosa, no ven nada más que a Allâh en todo cuanto ven.

El que no conoce a su "proprium" no ve a Allâh, porque no todo recipiente deja filtrar su contenido. Nos hemos extendido ya mucho sobre este tema. Ir más lejos sería inútil, porque el que no ha visto ya no verá, pese a nuestros esfuerzos. No comprenderá y no podrá alcanzar la verdad. El que puede ver, ve, comprende y alcanza la verdad; para el que ha llegado, pero aún no lo sabe, es suficiente une ligera indicación para que a su Luz pueda encontrar el verdadero sendero, caminar por él con toda energía y llegar al fin de su sendero, con la gracia de Allâh.

¡Que Allâh prepare a los que ama y los acoja con palabras, actos, ciencia, inteligencia, luz y verdadera dirección!

¡Él todo lo puede y responde a toda plegaria con la respuesta justa!

¡No hay otro mundo o poder que el de Allâh, el Altísimo, el Inconmensurable!

¡Que Él esté sobre la mejor de sus criaturas, sobre el Profeta y sobre todos los miembros de su familia!


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"Tratado de la Unidad" de Ibn 'Arabî traducido y comentado por Roberto Pla
http://www.ignaciodarnaude.com/espiritualismo/Ibn%20Arabi,Tratado%20de%20la%20Unidad.pdf
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Libro tibetano de los muertos - Chönyid Bardo


"... Primera Fase, cuando la consciencia se despierta, en los siguientes siete días percibe las 42 deidades pacificas.

Cada una de estas deidades puede ofrecer al alma, la posibilidad de acceder a los placeres de los dioses,

pero estas deidades pueden ser una trampa.

Todo es tan hermoso que te puedes perder en tus fantasías.

Segunda Fase, en los siguientes siete días aparecen las 58 deidades iracundas que pueden aterrorizar a aquellos que no entiendan lo que representan.

El alma errante puede sentir miedo e huir presa de pánico, arriesgando perderse.

En esta etapa, el contenido subconsciente de la persona se proyecta hacia el exterior como imágenes psíquicas.

Estas imágenes pueden tomar la forma de dioses, maestros, ángeles, monstruos, demonios o cualquier cosa que refleje nuestros deseos, como nuestros temores.

Lo importante en esta etapa es no dejarse seducir por las imágenes encantadoras, ni asustarse por las imágenes aterradoras.

El objetivo es realizar el “vacío”.

Si la persona toma profundamente consciencia que todo ello son solamente creaciones mentales proyectadas al exterior de su ser y por lo tanto son irreales, obtendrá la liberación,

ya que de esta manera, transforma su conciencia al darse cuenta de la verdadera base de estas visiones y su integración en su propio ser. “¡Oh bien nacido! No os dejéis seducir por la suave luz de los dioses, es un obstáculo para la liberación.”...".


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 Extraído del muro Drikung Tara Choling en Facebook
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sábado, 1 de julio de 2017

Algunos poemas de Kabir


¿A qué playa te encaminarías, corazón mío?

Nadie te precede; no hay camino.

No hay agua, ni barca, ni barquero.

No hay ni siquiera una cuerda para remolcar la barca,

ni barquero para jalarla.

Sé fuerte y entra en tu propio cuerpo,

pues ahí es firme tu asidero.

*
Allá,

no hay lluvia,

océano, sol, ni sombra.

Allá,

no hay creación ni destrucción,

ni vivos ni moribundos,

ni la huella de la tristeza o la alegría.

Allá,

no hay ni soledad ni meditación.

nada es medido, nada desperdiciado,

nada es ligero, nada pesado.

Allá, nadie es poderoso ni débil.

Allá, no hay ni noche ni día.

Allá, no hay agua, aire, ni fuego.

Allá, sólo el verdadero Gurú

lo permea todo

*


¿A quién debo acudir para aprender sobre mi Amado?

Kabir dice:

“Del mismo modo que si ignoras el árbol

puede que nunca encuentres el bosque,

también puede que nunca le encuentres en abstracciones”.

¡Oh, sadhu! Mi tierra es una tierra sin pesar.

Se lo grito bien alto a todos: al rey y al mendigo,

al emperador y al faquir:

Deja que todos los que buscan cobijo en lo más alto,

vengan y se queden en mis tierras.

Deja que el fatigado venga y deje aquí su carga.

Vive pues aquí, hermano mío,

desde donde podrás fácilmente cruzar a la otra orilla.

Éste es un país sin tierra ni cielo,

sin luna ni estrellas

porque solamente el fulgor de la verdad

brilla en el durbar de mi Señor.

Kabir dice:

“¡Oh, querido hermano!

Nada es esencial excepto la verdad”.

*
¿De qué sirven las palabras,

cuando el amor ha embriagado el corazón?

*

La bandera oculta

está plantada en el templo del cielo;

ahí se extiende el dosel azul,

embellecido con la luna

cuajado de brillantes joyas.

Ahí está brillando la luz del sol y la de la luna;

Aquieta tu mente en silencio ante ese esplendor.

Kabir dice: El que ha bebido de este néctar,

vaga como un loco".

*

¡Oh, servidor!, ¿dónde me buscas?

¡Mira! ¡Estoy junto a ti!

No estoy en los templos, ni en las mezquitaa

ni en la Kaaba, ni en Kailash.

Tampoco estoy en los ritos, ni en las ceremonias,

ni en el Yoga, ni en las renunciaciones.

Si eres un verdadero buscador, ahora mismo, de inmediato, sin dilación,

puedes verme.

Dice Kabir:

"¡Oh, Sadhu! Dios es el aliento de todo lo que respira".

*

Inútil es preguntarle a un santo a qué casta pertenece;

el sacerdote, el guerrero, el artesano y las treinta y seis castas,

buscan por igual a Dios.

Es necedad preguntar

a qué casta pertenece un santo.

El barbero, la lavandera y el carpintero,

todos buscan a Dios.

Hasta Raidas busca a Dios.

El Rishi Swapacha pertenecía a la casta de tintoreros.

Tanto hindúes como musulmanes Le buscan a Él,

al que no se encuentra en las distinciones.

*

¡Oh, amigo!

Espéra-Le mientras vivas,

conóce-Le mientras vivas,

comprénde-Le mientras vivas,

pues en esta vida está la liberación.

No es sino sueño pensar que a Él,

al dejar el cuerpo, el alma se unirá:

Si ahora lo hallaste, también después lo hallarás; si no, será morar en la Ciudad de la Muerte.

Si la unión se alcanza en el Presente,

mañana seguirá.

Sumérgete en la Verdad; conoce al Maestro verdadero, ten fe en el auténtico Nombre:

"Lo esencial es la búsqueda.

Soy esclavo de la esencia de la búsqueda".


Si no te desprendes de tus apegos mientras vives,

¿qué liberación hallarás en la muerte?

*

¡No te desplaces al jardín lleno de flores!

¡Oh amigo! no vayas allí.

En tu cuerpo está el jardín florido.

Siéntate sobre los mil pétalos de loto

y contempla allí la infinita Belleza.

*

¿Veré amanecer el día, ¡Oh Madre Divina!,

en que al pronunciar Tu Nombre

afluya a mis ojos un torrente de lágrimas

inundando los bancos de arena de mi ignorancia,

y que acabe con la aridez de mi corazón?

¿Florecerá el loto luminoso de la sabiduría,

que disipe para siempre mis tinieblas?

¡Oh Madre Cósmica Omnipresente,

ven a mí en forma humana tangible!

Solo Tu rostro de infinita bondad puede

desterrar para siempre mi dolor.

*

Los santos Pies de mi Divina Madre,

la Diosa consorte del Dios Eterno,

forman el lago del néctar.

Si la mente se sumerge en este lago de inmortalidad,

de poco sirven los ritos sagrados.

El alma del devoto de mi Divina Madre,

se encuentra en esta vida liberada de las ataduras del mundo.

En verdad su esencia es la dicha eterna.

*

Si uno ultraja y el otro toma represalias,

habrá una lluvia de ultrajes.

Pero, en el caso de que no haya represalias,

el asunto terminará.

Donde hay compasión, hay religión.

Donde hay codicia, hay pecado.

Donde hay ira, hay negación.

Donde hay perdón, allí está el Señor Mismo.

Todas las rencillas y peleas

emanan de los ultrajes.

Ningún poder sobre la tierra puede herir

al protegido por el Gurú.

Las palabras de una persona viciosa

son como múltiples flechas

que sólo los santos pueden tolerar.

Si un rayo cae en el mar,

¿qué daño le puede hacer?

*

Sólo hay agua en los balnearios sagrados;

sé que de nada sirve, pues me he bañado en ella.

Carentes de vida son las imágenes:

no pueden hablar;

lo sé, porque a gritos he llorado ante ellas.

Nada más que palabras son el Corán y los Puranas;

he descorrido el velo y lo he visto.

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Extraído de: http://www.oshogulaab.com/KABIR/POEMAS1.html
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viernes, 30 de junio de 2017

Las siete letras dobles de la Kabbalah


De las 22 letras del fundamento, que configuran el alefato hebreo; señala el Sefer Yetsirah que, siete de ellas son las letras dobles (Bet-Bhet(ב); Gimel-Ghimel(ג); Dalet-Daleth(ד); Kaf-Khaf(כ); Peh-Pheh(פ); Resh-Rhesh(ר); Tav-Thav(ת)). 

Se rigen a sí mismas con dos modos de lenguaje, siendo así modelos de lo blando y lo duro, lo fuerte y lo débil y en general de la dualidad y la batalla permanente que significa esta dualidad, establecida por la posibilidad de decidir. 

Reposan y reinan sobre la sabiduría y su contrario, la locura, la riqueza y la miseria, la semilla y la desolación, la vida y la muerte, el dominio y la esclavitud, la paz y la guerra, y la Gracia o belleza y la fealdad. 

Definen la espacialidad, señalando lo cardinal, arriba y abajo, oeste y este, norte y sur, y el centro como sostén de todas ellas. 

Siete planetas en el universo (Saturno, Jupiter, Marte y Venus, el Sol y la Luna, Mercurio), 

siete días en el año, los siete días de la semana (Rishon-Domingo o 1er. Día, Sheni-Lunes o 2do. Día, Shlishi-Martes o 3er. día, Rebii-Miercoles o 4to. Día, Jamishi-Jueves o 5to. Día, Shishi-Viernes o 6to. Día, Shabat-Sabado o 7mo. Día) 

y siete puertas en el alma (dos ojos, dos orejas, dos fosas nasales y una boca). 


La primera letra doble es Bet-Beth(ב), que se ubica entre Chokmah y Chesed, reina sobre la sabiduría y su opuesta la locura, la Luna en el universo, el domingo-Rishon o 1er. día en el año, el ojo derecho en el alma. 

La segunda letra doble es Gimel-Ghimel(ג), que se ubica entre Binah y Geburah, reina sobre la riqueza y la miseria, Marte en el universo, lunes-Sheni o 2do. día en el año, la oreja derecha en el alma. 

La tercera letra doble es Dalet-Daleth(ד), que se ubica entre Keter y Tiferet, reina sobre la semilla y la desolación, el Sol en el universo, martes-Shlishi o 3er. día en el año, la fosa nasal derecha en el alma. 

La cuarta letra doble es Kaf-Khaf(כ), ubicada entre Chesed y Netzach, reina sobre la vida y la muerte, Venus en el universo, miércoles-Rebii o 4to. día en el año, el ojo izquierdo en el alma. 

La quinta letra doble es Peh-Pheh(פ), que se ubica entre Geburah y Hod, reina sobre el dominio y la esclavitud, Mercurio en el universo, el jueves-Jamishi o 5to. día en el año, la oreja izquierda en el alma. 

La sexta letra doble es Resh-Rhesh(ר), ubicada entre Tiferet y Yesod, reina sobre la paz y la guerra, Saturno en el universo, el viernes-Shishi o 6to. día en el año, fosa nasal izquierda en el alma. 

La séptima y última letra doble es Tav-Thav(ת), que además es la última letra del alefato, se ubica entre Yesod y Malkuth, reina sobre la gracia o belleza y la fealdad, Júpiter en el universo, el sábado-Shabat o 7mo. día en el año, la boca en el alma.






Como ya el lector puede comprobar; así como las tres letras madres configuran los tres caminos horizontales en el árbol de la vida, 

las siete letras dobles, cubren los caminos verticales del árbol, estructuran la septena tan importante en la kabalah contándose en ciclos de 7 mucho de lo manifestado, 

así 7 son los colores del arcoíris, 7 las notas musicales, 7 los días que prevalece cada fase lunar, además de los descritos anteriormente, sobre los siete planetas y los siete días de la semana. Interesante también es notar que son 7 los periodos del hombre en general, descritos así: de 0 a 7 años, la infancia, de 7 a 14 la niñez, de 14 a 21 la adolescencia, 21 a 28 la juventud, 28 a 35 adultez, 35 a 42 la consolidación, de 42 a 49 la madurez, que a su vez es el 7mo. ciclo de 7 años 

y así sucesivamente podemos identificar en el hombre, periodos de 7 años, desde su nacimiento hasta su muerte. 

Estas letras son llamadas dobles porque reinan sobre dos aspectos duales en el hombre, y su dualidad es opuesta, tal como el blanco y el negro lo son. Son dobles también porque conectan dos sefira en la misma columna del árbol siempre. 


Pueden agruparse según la columna del árbol que las determina, asi: Bet-Bhet(ב) y Kaf-Khaf(כ) se ubican en la columna derecha o columna masculina y gobiernan ambos ojos en el alma; Dalet-Daleth(ד), Resh-Rhesh(ר) y Tav-Thav(ת) en la columna central o del equilibrio, gobernando ambas fosas nasales y la boca en el alma; así mismo, Gimel-Ghimel(ג) y Peh-Pheh(פ) en la columna de la izquierda o columna femenina, gobernando ambas orejas en el alma. 

De esto concluimos que los ojos son propios de la masculinidad y las orejas de la feminidad, 

lo cual se corresponde con la realidad en el sentido de que, 

si somos acuciosos, el hombre es atrapado por la vista, 

mientras que la mujer sucumbe a las palabras por el oído, 

parece muy interesante aquí observar que la nariz y en todo caso el olfato y en particular los olores nos elevan, 

de allí el uso de los perfumes y del incienso y la boca y las palabras que por ella salen pueden llegar a ser nuestro castigo. 

Con lo dicho, las letras dobles, son una construcción que claramente conecta al ser humano con el mundo manifestado que está aparentemente separado de este. 

Por ello, de los cinco sentidos humanos, que son nuestra posibilidad de percibir el mundo, cuatro son gobernados por estas. 

Y además son los cuatro sentidos que estimulan la inferencia en el ser humano y por tanto las ideas que, 

siendo más acucioso, son las que en última instancia definen la dualidad, pues ellas nos incitan a la decisión y con ello a tomar partido entre el blanco y el negro. 

Ahora bien, resulta interesante la exclusión del tacto, ya que es innegable que el tacto es el sentido que más fuertemente nos hace aparentemente consientes de la separación, 

pues aunque este se activa por la unión, irremediablemente nos hace concluir que lo que tocamos es distinto de nosotros, ya que nos hace creer que lo hemos unido a través del acercamiento y el contacto. 

Por otro lado, el tacto nos ahorra la necesidad de decidir, pues hace mínima la inferencia. 

Cuando tocamos, decididamente concluimos que lo que tocamos es y esta. 


Observe el lector que por ser las columnas verticales podemos también decir que delimitan el mundo manifestado, pues entre ellas todo y mas allá de ellas nada. 

Interesante es ver cómo entre ellas se encuentran también las letras madres y por tanto los elementos necesarios para la creación y por ende para la manifestación, conectándose con el reino o Malkut a través deTav-Thav(ת) que a su vez es la ultima letra del alefato,

sin temor a equivocarnos, las siete letras dobles, definen los límites del universo manifestado, lo que se puede hacer o crear, lo factible. 

En el Sefer Yetsirah, el capitulo relacionado con las letras dobles, termina con un misterioso párrafo que hace una suerte de manifestación numerológica, que por supuesto no entrare a analizar por declararme incapaz para ello, 

sin embargo, lo transcribo tal como esta para que el lector disponga del a su gusto. 

  • “... Dos piedras construyen dos casas. 

  • Tres piedras construyen seis casas. 

  • Cuatro piedras construyen veinticuatro casas. 

  • Cinco piedras construyen seiscientas veinte casas. 

  • Siete piedras construyen cinco mil cuarenta casas. 

  • A partir de aquí está lo que la boca no puede expresar y lo que el oído no puede oír...” 


Dejando de lado un poco el Sefer Yetsirah y revisando un poco el Génesis bíblico, vemos que a partir del versículo 10 del primer capítulo del Génesis, aparece por primera vez la frase “…Y vio Dios que era bueno”, 

desde allí, hasta la aparición de la intención de hacer al hombre, todas las acciones de Dios, se cierran por esta expresión, 

lo cual implica la dualidad, pues así como es bueno, puede no serlo y se abre el compás para esta característica propia de las letras dobles, que gobiernan sobre los opuestos. 

De esta manera, el Génesis describe, después de la separación y ordenamiento de los elementos, la creación de todo lo contenido en el mundo humano,

valga decir, el mundo manifestado, de la misma forma que lo plasman las siete letras dobles, al contener entre ellas todo y nada fuera de ellas. 

Este grupo de versículos bíblicos describen lo acontecido en los días siguientes hasta el séptimo, en el cual descansa de su obra, pero antes de ello, y para el final del sexto día, específicamente en el versículo 31 del primer capítulo del Génesis dice: 

  • “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana del día sexto. “ 
Los primeros tres versículos del capítulo 2 del Génesis señalan que una vez terminada la obra, Dios descansa, no sin antes santificar el día séptimo porque en él, reposó de toda su obra, tal como lo representa el árbol de la vida que todo está apoyado en Malkut y el camino que transcurre entre Yesod y Malkut es justamente Tav-Thav(ת) la última de las siete letras dobles y ultima del alefato, que a su vez, en la simbología del árbol, representa al tallo que soporta todo el árbol sobre si. 


También es importante acotar que toda la creación, o mundo manifestado está en la cabeza, pues las letras dobles gobiernan en esta y en concordancia astrológica con el signo de Aries, que es representado con la cabeza del carnero, en vista de que toda creación nace en la cabeza. 

Es por ello, que las siete letras dobles, que enmarcan todo lo que es posible hacer o es factible, están representadas en la cabeza y sus sentidos relacionados. 

Pues es a través de estos, que el hombre se contacta y puede corroborar la aparición del mundo. 

Son sus sentidos, las puertas que lo contactan con la materia de la que el mundo está constituido.

ANEXOS

SEFER YETSIRAH

4-1 Siete Dobles: Bet, Gimel, Dalet, Kaf, Peh, Resh, Tav, que se rigen a sí mismas con dos modos de lenguaje: Bet-Bhet; Gimel-Ghimel; Dalet-Daleth; Kaf-Khaf; Peh-Pheh; Resh-Rhesh; Tav-Thav, sirviendo de modelo para lo blando y lo duro, para lo fuerte y para lo débil. 

4-2 Siete Dobles: Bet, Gimel, Dalet, Kaf, Peh, Resh, Tav, que reposan sobre la Sabiduría, la Riqueza, la Semilla, la Vida, el Dominio, la Paz y la Belleza. 

4-3 Siete Dobles: Bet, Gimel, Dalet, Kaf, Peh, Resh, Tav, en el habla y en la transposición. El contrario de la Sabiduría, la Locura; el contrario de la Riqueza, la Miseria; el contrario de la Semilla, la Desolación; el contrario de la Vida, la Muerte. El contrario del Dominio, la Esclavitud; el contrario de la Paz, la Guerra; el contrario de la Gracia, la Fealdad. 

4-4 Siete Dobles: Bet, Gimel, Dalet, Kaf, Peh, Resh, Tav. Arriba y abajo; Este y Oeste; Norte y Sur. El Santo Palacio se sitúa en el centro de ellas y las sostiene a todas. 

4-5 Siete Dobles: Bet, Gimel, Dalet, Kaf, Peh, Resh, Tav. Siete y no seis, siete y no ocho. Examínalas, escrútalas. Instaura cada cosa en su esencia y sienta al Creador en su base. 

4-6 Siete Dobles: Bet, Gimel, Dalet, Kaf, Peh, Resh, Tav del Fundamento. Él las grabó, las talló, las permutó, las pesó y las Transformó, y con ellas formó siete planetas en el Universo, siete días en el Año y siete puertas en el Alma, masculina y femenina . 

4-7 Siete planetas en el Universo: Saturno, Júpiter, Marte, Sol, Venus, Mercurio y Luna. Siete días en el año: los siete días de la semana. Siete puertas en el Alma, masculina y femenina: dos ojos, dos orejas, dos fosas nasales y una boca. 

4-8 Él hizo reinar a la letra Beth sobre la sabiduría; la coronó y la combinó con las demás. Así formó la Luna en el Universo, el Domingo en el Año y el ojo derecho en el Alma, masculina y femenina. 

4-9 Él hizo reinar a la letra Gimel sobre la Riqueza; la coronó y la combinó con las demás. Así formó a Marte en el Universo, el Lunes en el año y la oreja derecha en el Alma, masculina y femenina. 

4-10 Él hizo reinar a la letra Daleth sobre la Semilla; la coronó y la combinó con las demás. Así formó el Sol en el Universo, el Martes en el año y la fosa nasal derecha en el Alma, masculina y femenina. 

4-11 Él hizo reinar a la letra Kaph sobre la Vida; la coronó y la combinó con las demás. Así formó a Venus en el Universo, el Miércoles en el año y el ojo izquierdo en el Alma, masculina y femenina. 

4-12 Él hizo reinar a la letra Pe sobre el Dominio; la coronó y la combinó con las demás. Así formó a Mercurio en el universo, el Jueves en el año y la oreja izquierda en el Alma, masculina y femenina. 

4-13 Él hizo reinar a la letra Resh sobre la Paz; la coronó y la combinó con las demás. Así formó a Saturno en el universo, el Viernes en el año y la fosa nasal izquierda en el Alma, masculina y femenina. 

4-14 Él hizo reinar a la letra Tav sobre la Gracia; la coronó y la combinó con las demás. Así formó a Júpiter en el universo, el Sabbath en el año y la boca en el Alma, masculina y femenina. 

4-15 Siete Dobles: Bet, Gimel, Dalet, Kaf, Peh, Resh, Tav. Con ellas fueron grabados siete universos, siete firmamentos, siete tierras, siete mares, siete ríos, siete desiertos, siete días, siete semanas, siete años, siete ciclos sabáticos, siete jubileos y el Palacio Sagrado, y por ello quiso Dios que el septenário prevaleciera bajo todo los cielos. 

4-16 Dos piedras construyen dos casas. Tres piedras construyen seis casas. Cuatro piedras construyen veinticuatro casas. Cinco piedras construyen seiscientas veinte casas. Siete piedras construyen cinco mil cuarenta casas. A partir de aquí está lo que la boca no puede expresar y lo que el oído no puede oír.

GÉNESIS

1 … 10 Y llamó Dios á la seca Tierra, y á la reunión de las aguas llamó Mares: y vió Dios que era bueno. 

11 Y dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé simiente; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su simiente esté en él, sobre la tierra: y fue así. 

12 Y produjo la tierra hierba verde, hierba que da simiente según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya simiente está en él, según su género: y vió Dios que era bueno. 

13 Y fué la tarde y la mañana el día tercero. 

14 Y d¼o Dios: Sean lumbreras en la expansión de los cielos para apartar el día y la noche: y sean por señales, y para las estaciones, y para días y años; 

15 Y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra: y fué así. 

16 É hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche: hizo también las estrellas. 

17 Y púsolas Dios en la expansión de los cielos, para alumbrar sobre la tierra, 

18 Y para señorear en el día y en la noche, y para apartar la luz y las tinieblas: y vió Dios que era bueno. 

19 Y fué la tarde y la mañana el día cuarto. 

20 Y dijo Dios: Produzcan las aguas reptil de ánima viviente, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos. 

21 Y crió Dios las grandes ballenas, y toda cosa viva que anda arrastrando, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie: y vió Dios que era bueno. 

22 Y Dios los bend¼o diciendo: Fructificad y multiplicad, y henchid las aguas en los mares, y las aves se multipliquen en la tierra. 

23 Y fué la tarde y la mañana el día quinto. 

24 Y dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie: y fué así. 

25 É hizo Dios animales de la tierra según su género, y ganado según su género, y todo animal que anda arrastrando sobre la tierra según su especie:

 26 y vió Dios que era bueno. Y dijo Dios: Hagamos al hombre á nuestra imagen, conforme á nuestra semejanza; y señoree en los peces de la mar, y en las aves de los cielos, y en las bestias, y en toda la tierra, y en todo animal que anda arrastrando sobre la tierra. 

27 Y crió Dios al hombre á su imagen, á imagen de Dios lo crió; varón y hembra los crió. 

28 Y los bend¼o Dios; y díjoles Dios: Fructificad y multiplicad, y henchid la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces de la mar, y en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. 

29 Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda hierba que da simiente, que está sobre la haz de toda la tierra; y todo árbol en que hay fruto de árbol que da simiente, seros ha para comer. 

30 Y á toda bestia de la tierra, y á todas las aves de los cielos, y á todo lo que se mueve sobre la tierra, en que hay vida, toda hierba verde les será para comer: y fué así. 

31 Y vió Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fué la tarde y la mañana el día sexto. 

2 ...1 Y fueron acabados los cielos y la tierra, y todo su ornamento. 

2 Y acabó Dios en el día séptimo su obra que hizo, y reposó el día séptimo de toda su obra que había hecho.

 3 Y bendijo Dios al día séptimo, y santificólo, porque en él reposó de toda su obra que había Dios criado y hecho. 

Nicolás Quiles 
M:.M:.P:.M:. 
R:.H:.R:. A:.C:.L:.G:.L:.R:.B:.V:.(2011-2013) 
V:.M:. Res:.Ben:. y Cen:. Logia “Estrella de Occidente” No. 50 (2011-2012)

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Cábala, Los Estados Internos, y Temas Afines - Enlaces
http://omarpal.blogspot.com.ar/2016/06/cabala-los-estados-internos-y-temas.html
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